Pensiones: cómo cuadrar las cifras

El déficit de la Seguridad Social, 16.700 millones de euros el año pasado, ha vuelto a recordarnos en los últimos días la acelerada deriva a la que se dirige el sistema de pensiones del país, una vez que el colchón del Fondo de Reserva está en trance de agotamiento tras haber quedado reducido a la mitad en después de las extracciones de recursos realizadas en especial durante los tres últimos años. La utilización intensiva del dinero de este fondo, acumulado en los años de bonanza económica, tiene los años contados ya que no se percibe en el horizonte ninguna previsión que permita colocar en superávit al presupuesto de la Seguridad Social. Ese superávit sería la única forma de impedir la desaparición completa de aquí a dos o tres años (en hipótesis quizás muy optimistas) del colchón de seguridad que tenía el sistema para hacer frente al pago de las pensiones.

El recordatorio de la cuantía de las cifras del déficit durante el pasado año, ejercicio en el que hay que recordar que el empleo aumentó a un ritmo del 3% (la afiliación creció un 3,1%, con 533.186 afiliados más en el curso del año), es oportuno ya que se podría decir que nos encontramos en la mejor situación de las posibles para lograr un enderezamiento de las cuentas del sistema. En el año 2014, los cotizantes a la Seguridad Social aumentaron también con bastante fuerza, 417.600 nuevos afiliados. Es decir, unos 950.000 cotizantes más en el curso de dos años. A pesar de ello, el déficit del organismo no ha hecho más que aumentar hasta niveles que cabe considerar alarmantes, de 16.700 millones de euros el año 2015, por encima incluso de los 13. 760 millones de déficit del año precedente.

Como se ve, a pesar de que el crecimiento del empleo y de la afiliación están alcanzando cotas que se podrían considerar idóneas (pocas veces la economía española permitirá crecimientos del empleo a ritmo anual del 3% de forma sostenida), el desequilibrio de las cuentas sigue en alza. Durante el año pasado, la recaudación por cotizaciones aumentó un 2,63% en el caso de las aportaciones de los ocupados mientras las prestaciones económicas destinadas a los pensionistas lo hicieron en un 3,38%. La razón de este débil aumento de los ingresos por cotizaciones, a tasas inferiores al crecimiento del empleo, estriba en la proliferación de bonificaciones y apoyos a la creación de empleo, que en los últimos dos o tres años se han acelerado con objeto de estimular la creación de nuevos puestos de trabajo aligerando a las empresas el coste de la contratación.

La reacción de los partidos políticos (hay que recordar que estamos en plena víspera de elecciones) ha sido en algunos casos, como era de esperar, la de resucitar la vieja idea de utilizar parte de los impuestos fiscales para completar los ingresos de la Seguridad Social, lo que posiblemente exija la creación de impuestos nuevos. Esta última ha sido directamente la propuesta de los socialistas, secundada por algunos otros grupos políticos. Una subida fiscal es, en todo caso, la vía que se impondrá tarde o temprano, ya que el sistema por sí sólo, no da para mucho más.

Si con unas condiciones del mercado laboral tan favorables como las que estamos atravesando desde hace año y medio (con creación de empleo a ritmo superior al 3% anual, quizás el máximo que la economía española es capaz de lograr en las actuales circunstancias) no se están enderezando las cifras de la Seguridad Social, algo habrá que hacer. Hay que recordar que las subidas de las prestaciones económicas de las pensiones fueron frenadas hace ya dos años, de forma que en la actualidad su ritmo de crecimiento es casi nulo. Ante la perspectiva de un cambio en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), si la tasa de inflación se acerca al 2%, el aumento automático de los pagos a los pensionistas agravará aún más el actual desequilibrio.

Por lo tanto, la simplista respuesta que el Gobierno ha dado estos últimos días al señalar que el problema se resolverá sin necesidad de echar mano de más impuestos sino que basta con crear más empleo, es bastante falaz, no responde a la previsible evolución de las cosas. Tras las elecciones, la búsqueda de un equilibrio entre las prestaciones y los ingresos del sistema tendrá que ser abordado con urgencia y con un amplio consenso social. Si esto no es posible, los futuros pensionistas tendrán dificultades para cobrar sus pensiones a la vuelta de unos años. Las cifras no cuadran solas.