El petróleo y el dinero recuperan aliento

El bajo precio del petróleo y los tipos de interés cerca o por debajo de cero, dos de los datos económicos que han orientado los pasos de la economía mundial en los últimos dos años, parecen encontrarse en fase de retirada. Ni uno ni otro han contribuido a satisfacer las expectativas depositadas y, a la postre, han generado importantes desajustes, cuya corrección puede devolver una cierta normalidad al funcionamiento de la economía.

El petróleo está alcanzando máximos anuales estos días, en torno a los 50 dólares por barril, lo que supone un notable avance desde los 26 dólares en los que se movía durante la parte más baja de su ciclo de precios reciente. La cotización de mediados de febrero ha sido la más baja desde el año 2003. Desde esos 26 dólares por barril, hasta mediados de mayo, el precio del crudo casi se ha duplicado.

La impresionante caída del precio desde el año 2015, cuando llegó a superar los 100 dólares por barril, no ha aportado gran cosa a la recuperación de la economía mundial. Más bien al contrario, ha generado tensiones, sobre todo de índole financiera, en algunas economías altamente dependientes del petróleo, tensiones que se han trasladado al conjunto de la economía mundial en forma de perturbaciones de diversa índole, muchas de ellas reflejadas en incumplimientos de pagos a empresas occidentales por parte de países productores de crudo. En el caso de Venezuela, y al margen de la deficiente gestión económica de este país, la caída de los ingresos petroleros está empobreciendo de forma considerable a este país, sin otras fuentes de ingresos prácticamente que las del petróleo. Otro tanto está sucediendo en Nigeria y, en menor medida, en Rusia.

La vuelta del precio del crudo a una cierta normalidad podrá aliviar a estos países y mejorará algunas relaciones económicas y financieras que han tenido sus peores momentos en los dos o tres últimos meses. Algunas estimaciones de bancos de inversión y de expertos del mercado petrolero señalan que para este año cabría esperar una recuperación del precio del crudo hasta niveles del orden de los 60 dólares por barril. Se trata de un retorno a la normalidad que debería traer más beneficios que sobresaltos. La economía mundial no parece que tenga mucho que temer con el crudo a 60 dólares por barril, ya que entre otras cosas permitiría reanudar el flujo inversor en busca de nuevos recursos que ha estado sometido a presión desde hace más de un año, reflejado en una preocupante interrupción de las inversiones en exploración y puesta en producción de nuevos yacimientos.

Si la subida del precio del petróleo hacia cotas más habituales, los tipos de interés no deberían mantenerse por mucho más tiempo a niveles tan bajos como los de estos dos últimos años, en los que incluso se ha producido una depresión desconocida desde hace mucho tiempo en los niveles de tipos, que se han situado por debajo de cero. Es más, se estima que un 40% de los activos públicos en circulación por los mercados internacionales de capitales tienen en estos m omentos tipos negativos. Esta situación ha generado importantes distorsiones en los equilibrios de los balances de las entidades bancarias, lo que puede generar importantes problemas económicos y financieros a medio plazo. Incluso a corto plazo, este mismo año, las entidades financieras van a reflejar uno de sus años más difíciles en cuanto a resultados y márgenes de beneficio, creando así un clima de inseguridad e incertidumbre que puede crear problemas al conjunto de la economía.

El regreso a tipos de interés positivos y la puesta en marcha de una tendencia alcista en los precios del dinero, una vez que la economía se ha beneficiado ya de importantes ganancias a lo largo de más de un año de tipos cero, pueden también restablecer la normalidad económica que se había perdido y permitir que los ciclos de ahorro e inversión recobren su verdadero sentido.