Bruselas ante el déficit español

Difícil papeleta la que se le presenta hoy a la Comisión Europea con las sanciones por déficit excesivo. España podría incluso estrenar este mecanismo si finalmente la Comisión opta por sancionar con el 0,2% del PIB a un país que vive desde hace meses sometido a la presión de las urnas y que al día de la fecha sigue sin Gobierno y con un horizonte incierto. Nunca la UE ha aplicado sanciones por déficit excesivo aunque hay cuatro precedentes de simples amonestaciones, que han recaído nada menos que en Alemania, Francia, Grecia y Bélgica. >Es decir, en algunos de los más poderosos socios de la Eurozona y alguno de los más débiles.

Tanto si hay multa como si hay simple advertencia, con un calendario exigente de cumplimiento de los objetivos reformulados (es decir, volver a la sendas del déficit pactado en uno o en dos años, quizás más bien en un año), la posición española no está exenta de fortalezas.

La primera es la del actual crecimiento de la economía, que es el más sólido entre los gran des países de la Eurozona. Con previsiones del 2,7% de aumento del PIB o incluso algo más para este año, algo que ningún país de la UE, del grupo de los grandes, tiene a su alcance en estos momentos ni por asomo, España está contribuyendo de forma bastante activa al crecimiento, mediocre ciertamente, del conjunto de la Eurozona. Castigar al país con mayor tasa de crecimiento sería un despropósito. Una sanción que reste un 0,2% al PIB del país en estas circunstancias es como darse tiros en el pie.

Una segunda dificultad a la que se enfrentan las autoridades comunitarias con el déficit español y su veredicto corrector es la derivada del complejo calendario político. Imponer un estricto plan de ajuste presupuestario a un país que tiene un Gobierno en funciones y que no prevé dotarse de un Gobierno estable más que dentro de unos meses, y eso con suerte y muchos malabarismos, constituye un ejercicio de falta de realismo. Ni qué decir tiene que el horizonte es susceptible de empeorar en este aspecto si el próximo Gobierno es el resultado de una alianza de izquierdas. Los partidos políticos que no han ocupado el poder recientemente (es decir, del PSOE para la izquierda) están manejando programas electorales en los que se prometen grandes dosis de aumento del gasto público, que en algunos casos llegan a niveles delirantes. A los posibles socios de un nuevo Gobierno de izquierdas, las admoniciones de Bruselas les parecen música celestial, lo que anticipa un difícil ejercicio de colaboración.

Podría haber un cierto paralelismo con el caso griego, aunque no se pueden ocultar las diferencias, ya que Grecia es un Estado que vive a la quinta pregunta en materia financiera mientras España tiene, al menos hasta la fecha, buen crédito en los mercados y se financia con fluidez. Todo será que en una etapa de confrontación entre un Gobierno español de izquierdas y la Comisión Europea, los mercados acaben por retirarnos el alto grado de tolerancia que nos vienen dispensando desde hace dos o tres años. No hay que olvidar que España sigue financiándose todavía a tipos negativos en una parte significativa de la Deuda Pública, privilegio que eventualmente desaparecería si se complican las relaciones institucionales en el seno de la UE.

Los malabarismos que Bruselas deberá afrontar esta semana con España y con algunos otros socios en situaciones presupuestarias comprometidas van a poner a prueba la capacidad política del colegio de comisarios.