La Reserva Federal aguanta el tipo

La decisión de la Reserva Federal de mantener estables los tipos de interés y fijar la vista en la reunión del próximo mes de junio para un eventual incremento de los tipos no ha sorprendido a casi nadie. Solamente un voto del directorio del banco central estadounidense se pronunció por una subida, en todo caso gradual, apenas de un cuarto de punto.

No hay todavía datos precisos sobre lo que ha sucedido en la mayor economía del mundo durante el primer trimestre, pero el aumento del PIB podría quedar por debajo del 1%, lo que constituye un motivo de preocupación y en todo caso un argumento en favor de dar continuidad a la política de bajos tipos de interés que viene aplicando desde hace años, con la leve incursión alcista del pasado diciembre. El alto valor del dólar y la evolución del precio del petróleo son motivos de preocupación para las autoridades monetarias estadounidenses.

En suma, el banco central americano ha tomado como hoja de ruta para su política monetaria un ritmo bastante más pausado del que se esperaba, ya que si el año 2016 empezó con pronósticos de   cuatro subidas de tipos en el año, un cuarto de punto por trimestre, ahora la realidad está imponiendo más suavidad en la remontada de los tipos, sobre todo porque hay menos actividad económica y la inflación está lejos de desbocarse. Se manejan previsiones próximas al 2% en la tasa anual de subida de precios para el año 2017, de manera que a corto plazo este frente no inspira inquietud.

Tras los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) de hace unos días, anticipando un menor ritmo de crecimiento en la economía global (debido al menor crecimiento de China y de algunos países emergentes importantes, como Brasil, que acaba de enfrentarse a un diagnóstico recesivo para este año y para el siguiente), el diagnóstico de la Reserva Federal estadounidense no ha sido muy diferente. Hay incertidumbre en el horizonte económico, a pesar de que algunas de las principales fuentes de duda parecen ahora algo más estabilizadas. Pero a corto plazo hay algunas motivaciones que invitan a la prudencia.

Una de ellas, indudablemente, es la consulta británica sobre su hipotética salida de la Unión Europa, asunto que es visto con bastante inquietud por los americanos, como quedó de relieve en la agresiva campaña en favor de mantener a Gran Bretaña en la UE desarrollada por el propio Obama durante su visita estos días al país. No es usual que un visitante extranjero se pronuncie con tanta vehemencia como lo hizo Obama en Londres en relación con un asunto de política interna.

Pero el énfasis del mandatario estadounidense pone de manifiesto lo que se juegan los americanos en este asunto, que puede tener efectos muy negativos sobre la estabilidad de su principal socio económico, la Unión Europea. Máxime cuando ambas partes están negociando un nuevo tratado comercial que es del mayor interés para Estados Unidos. La próxima reunión del mes de junio de la Reserva Federal se celebrará en vísperas de la trascendental votación británica para seguir o salirse de la UE. Difícil papeleta tiene, por lo tanto, la Reserva Federal, que en junio tendrá que decidir sin conocer lógicamente el resultado británico.