La deuda tiene sus límites

Una de las desavenencias que mantienen los alemanes con los órganos rectores de la Unión Europea reside en el tipo de pilares sobre los que se ha de sustentar la denominada Unión Bancaria, es decir, la integración de los sistemas bancarios de la zona euro para crear un espacio común para instituciones y clientes. Una de las bases de esta unión es el establecimiento de un fondo de garantía europeo, de forma que cualquier cliente bancario tenga asegurada una cantidad mínima de su ahorro depositado en el banco en el caso de insolvencia de este. Ese fondo o caja común de garantía se abastecería de recursos que aportarían los bancos, en una cuantía que está más o menos en discusión ahora mismo. Otro de los caballos de batalla de la Unión Bancaria es la posible fijación de límites a las inversiones de los bancos de cada país en Deuda Pública, tanto si se trata de deuda en general como si, de forma especial, se trata de deuda emitida por el país al que pertenece cada banco.

Este último punto será objeto de discusión precisamente este viernes, en Holanda (en Amsterdam concretamente) y las posiciones de los países europeos parecen bastante distantes. Italia y España forman parte del pelotón de los países que están en contra de poner límites estrictos a esta financiación de los Estados por parte de los bancos de los países respectivos. Alemania defiende la posición, considerada más ortodoxa, de que los bancos han de tener un límite, cuanto más estricto mejor, a la hora de comprar Deuda Pública del Estado al que pertenecen.

Se trata de un asunto de vital importancia no sólo para los bancos sino para los Estados miembros, ya que en estos últimos años ha quedado en evidencia en algunos momentos la dificultad de financiación de algunos Estados miembros y el recurso que algunos Gobiernos han empleado, presionando a los bancos nacionales para que comprasen deuda del sector público, estatal o no, independientemente de consideraciones estrictamente financieras, como la rentabilidad de los títulos de Deuda adquiridos o los niveles der solvencia del propio Estado, aunque precisamente este asunto (la pretendida situación de “riesgo cero” que se le suele adjudicar a la Deuda Pública), es uno de los temas sobre los que existen más discrepancias.

En la práctica, estas presiones para obligar a los bancos a invertir en activos públicos pueden derivar en importantes distorsiones financieras y, llegado el caso, pueden afectar a la seguridad de los depósitos y del ahorro que tienen los bancos. El acuerdo sobre el que se trabaja en estos momentos va a promover con casi toda seguridad unos límites bastante concretos a los bancos para que limiten el volumen de su cartera de Deuda Pública, es decir, limitando la posibilidad de que el Estado se financie de forma prácticamente obligatoria abusando del ahorro de los ciudadanos.

Como consecuencia del establecimiento de estos límites, algunos países tendrán en el futuro que enfrentarse a dificultades para aumentar el gasto público de forma irresponsable o más allá de sus reales posibilidades, lo que constituye un ataque directo a los Estados más endeudados de la zona euro (Grecia, Italia, Portugal y Bélgica son, por este orden, los Estados de la UE que tienen un mayor grado de endeudamiento público, con España pisándoles los talones). Lo que los alemanes pretenden es que no se constituya en Europa una caja común de la que respondan todos de forma mancomunada pero cuyo grado de endeudamiento no pueda ser supervisado o limitado por ninguna otra instancia.

Eso llevaría a una situación de irresponsabilidad en el gasto si la financiación del mismo no es sometida a reglas más o menos firmes. El acuerdo que salga de esta reunión, si es que hoy se llega a alguno, será de notable importancia para las políticas de gasto público en la Europa del futuro.