Cambio de timón en Telefónica

César Alierta ha decidido pasar a un segundo plano en Telefónica y ha cedido el mando a su mano derecha de estos últimos años, Alvarez Pallete. El cambio que ha experimentado Telefónica en estos últimos 16 años (los que cubre la presidencia de Alierta) ha sido indudablemente el más profundo que ha vivido esta compañía desde su creación en el año 1924. Entre las grandes empresas españolas es la más veterana, rozando ya el centenario.

Su sector de actividad, las telecomunicaciones, es posiblemente el que ha vivido cambios más convulsos y radicales en los tres últimos lustros. Ni la banca ni la energía ni el comercio, por citar tres sectores en los que operan las mayores empresas españolas que compiten en tamaño con Telefónica (Inditex, Santander, Iberdrola o BBVA, además de Repsol, algo más descolgada de las posiciones de cabeza en estos últimos meses debido al fuerte retroceso del precio del petróleo), han tenido que afrontar cambios tan sustanciales en su modelo de negocio, en los productos que gestionan, en las necesidades de los clientes,… Y eso que en algunos casos las transformaciones del negocio (el bancario, por ejemplo) están siendo muy sustanciales, incluso radicales.

Telefónica es una de las compañías de telecomunicaciones más volcada del mundo, entre las grandes del sector, en la actividad digital. Supo engancharse a tiempo en la telefonía móvil, se subió al tren de Internet en el mundo adecuado y extendió sus tentáculos al terreno de los contenidos, en donde ha vivido una experiencia de ida y vuelta. Ahora está volcada otra vez en este territorio, que forma parte esencial de su oferta diversificada, con la que alimenta las necesidades de más de 340 millones de clientes en todo el mundo.

Este cambio empresarial que ha vivido Telefónica ha sido, sin embargo, una gran oportunidad para crecer más que la mayor parte de sus rivales. Telefónica es ahora mismo la segunda empresa europea de su sector y la cuarta del mundo. De ser un monopolio público hace apenas 30 años ha pasado a convertirse en una compañía competitiva, privada y altamente diversificada en el plano geográfico, que apenas tiene el 26% de sus ventas (datos del año 2015) en España. El resto está desparramado por el mundo, con áreas tan importantes como Hispanoamérica (alrededor del 26% de los ingresos), Brasil (22%), Reino Unido o Alemania (en ambas, por encima del 10% de sus ventas totales). El año pasado facturó por importe de 47.200 millones de euros, aunque ha llegado a superar los 50.000 millones de euros. La pate del negocio exterior en su facturación (es decir, el grado de diversificación internacional de la compañía) ha experimentado una aceleración espectacular. Sus facturación en el exterior representaba en el año 1997, poco antes de la llegada de Alierta a la presidencia, un 23,8% de las ventas y ahora ronda el 74%. Su presencia en el exterior se traduce en importantes filiales, aunque en algún caso, como China, el vehículo utilizado ha sido la alianza con el gigante China Unicom, con el que tiene una alianza estratégica que quizás no ha dado los frutos que de ella se esperaba. Tampoco en el mercado estadounidense ha encontrado la compañía española oportunidades de crecimiento, aunque eso son palabras mayores.

Para pilotar este cambio han hecho falta muchos recursos. De hecho, la deuda de Telefónica, que ronda los 50.000 millones de euros, es uno de sus principales atolladeros, consecuencia inevitable de un crecimiento acelerado que no tiene apenas precedentes en el mundo de las telecomunicaciones. Alierta ha hecho un excelente trabajo pilotando esta compañía en el periodo más crucial de su historia. Su sucesor no lo va a tener fácil porque los cambios que se avecinan en el sector y en el mundo de la comunicación, en especial con la presencia de los gigantes de Internet (Google, Apple y compañía) son de envergadura.