Abengoa, de vuelta a la normalidad

Abengoa se ha salvado de la quiebra al borde de la campana. Tiene ahora siete meses más para acabar de perfilar su acuerdo con los acreedores, contando ya con el 75% de aquiescencia de la masa a creedora, un buen punto de partida. Queda mucho por hacer para devolver a esta compañía a la viabilidad y al mercado, pero el amplio acuerdo de sus acreedores y las inyecciones de liquidez que ha ido recibiendo en estos últimos meses para sobrevivir y cuando menos pagar las nóminas apuntan hacia un final satisfactorio.

La crisis de Abengoa es un test importante para la vida empresarial española, ya que se trata de una empresa tecnológica de vanguardia y con importante presencia en algunos de los mercados más desarrollados del mundo, como Estados Unidos. Abengoa es un excelente proyecto empresaria, bien enfocado desde el punto de vista tecnológico, mal financiado y nada bien gerenciado. Sus gestores han sido ya apartados de los mandos y la empresa vive ahora una etapa de paréntesis y provisionalidad, en la que sería de desear que su capacidad creativa en el campo que le es propio (el desarrollo de instalaciones de energía renovable, sobre todo en el ámbito de la energía solar) no se viera interrumpida.

La inapropiada estrategia financiera desarrollada por Abengoa y su voracidad industrial desmedida precipitaron la crisis hace unos meses. No es desde luego el primer caso que en España pone de relieve la incapacidad de desarrollar ambiciosos proyectos empresariales sin contar con todos los elementos necesarios para afrontar desafíos de gran envergadura. Hay, como contrapunto reseñable, éxitos notables que han sabido conjugar crecimiento, incluso crecimiento acelerado a escala mundial, con una buena gestión financiera. Nos viene a la cabeza, claro está, el caso de Inditex, que es en estos momentos la empresa española de tamaño grande que más rápidamente ha crecido en los últimos años y que más lejos ha llegado y que, además, es la empresa española con más dinero en caja, es decir, sin deuda y con tesorería suficiente para financiar un crecimiento tan rápido como viene aplicando la compañía que preside Amancio Ortega. Bien es verdad que no es lo mismo abrir tiendas de ropa susceptibles de generar liquidez y resultados en un plazo breve que instalar plantas solares que requieren años de maduración y que muestran su rentabilidad sólo a plazos dilatados de tiempo.

El salvamento de Abengoa como proyecto industrial de vanguardia ha dado, en todo caso, un primer e importante paso, del que sale una empresa más pequeña pero más ajustada a sus ambiciones, con un accionariado muy disperso, en el que la familia fundadora y los accionistas minoritarios apenas representarán un 5% del capital. Una porción importante del capital estará en manos de las entidades financieras que ayudaron a sostener en pie a la empresa en estos meses y, finalmente, la mayoría del capital va a quedar en manos de fondos de inversión de diversa entidad, unos más especulativos, otros con mayor vocación de estabilidad.

Para la imagen empresarial española en el exterior, el salvamento de Abengoa es una buena noticia, a pesar de que su crisis haya ocupado las páginas de crisis de la prensa económica mundial durante bastantes meses. Si sigue en pie, quedará de relieve la calidad e sus proyectos industriales, que casi nadie parece haber puesto en duda. Para la imagen exterior del país es, por lo tanto, una buena muestra del quehacer tecnológico en un sector de tecnologías avanzadas.

La presencia exterior de las empresas españolas está siendo en estos años más potente que nunca y además es de una gran intensidad, ya que hay empresas españolas con rango de protagonistas en algunos de los proyectos internacionales más importantes, como, por citar dos ejemplos, el AVE a La Meca o la ampliación del Canal de Panamá, de pronta inauguración este último. Precisamente este lunes se ha sabido que la mayor parte de los nueve consorcios empresariales que acuden al concurso para el AVE británico son en su mayor parte grupos liderados por empresas españolas, que cuentan con importantes opciones para recibir algunos de estos encargos en un país tan avanzado en cuestiones ferroviarias como Inglaterra. Lo de Abengoa ha estado a punto de convertirse en un borrón para la presencia española en el exterior, pero parece que todavía hay tiempo para impedir que la tinta negra se extienda.