Bankia y Repsol, en el escaparate

Algunas compañías españolas significativas están siendo objeto de revisiones de sus calificaciones por parte de las agencias internacionales. Las dos más importantes que están estos días en la palestra son la ya anunciada de Bankia, que ha sido revisada al alza por la agencia Fitch y la que están sopesando detenidamente estos últimos días las agencias Standard & Poor’s y Moody’s sobre Repsol, con riesgo bastante elevado de que se decante, alguna de ellas o las dos, por una rebaja de la calificación, dado el mal cariz que presenta el mercado mundial del petróleo y el impacto que ello está teniendo en algunas compañías y países del sector o ligados a la producción y exportación de hidrocarburos.

La mejora de la calificación de Bankia por parte de Fitch ha sido una buena inyección de optimismo y aliento para el equipo gestor y, de rebote, indudablemente para el Estado, que es el principal accionista, con un 64% del capital. Se supone que el impacto de estas valoraciones o certificados que ofrecen las agencias internacionales resulta positivo para la valoración que luego refrendan los mercados, como consecuencia de la reacción de los inversores.

En el caso de Bankia, el hecho de que se haya revisado al alza su calificación por una de las tres grandes agencias internacionales es más positivo aún porque implica la salida de la entidad bancaria española de la zona de riesgo, de lo que se denomina “bono basura”, es decir, del estado de mala reputación financiera que tiene una empresa. Al recibir la calificación de “bono basura”, la agencia que así lo dictamina está diciéndole a la colectividad financiera que esa empresa tiene riesgo alto de incumplimiento de sus obligaciones de pago, lo que contribuye a ahuyentar a muchos inversores. De ello se deduce que muchos inversores internacionales que estaban prudentemente apartados de la compra de acciones de Bankia o de la compra de bonos o títulos emitidos por la compañía, tienen ahora menos motivos de desconfianza hacia la entidad financiera española, lo que a la postre puede redundar en una mejora de la cotización. Con la calificación de “bono basura”, Bankia estaba en posición de vulnerabilidad indudable, que ahora se empieza a alejar. Es de suponer que la gradual mejora de su gestión, en línea con lo que viene haciendo desde hace dos años, le permita subir algún escalón más en la reputación internacional de índole financiera, permitiéndose de este modo devolver las cuantiosas ayudas que el Estado le insufló, por importe de más de 20.000 millones de euros, para ayudarla a salir del bache.

La situación de la petrolera Repsol inspira, sin embargo, sensaciones bien diferentes. Repsol está afectada de lleno, como todas las grandes petroleras y los principales países productores y exportadores de crudo, por el impacto tremendo de la caída de los precios del petróleo. La situación de la petrolera española se ha visto agravada, con peor desempeño que otras compañías de su sector, por el hecho de haber realizado una importante inversión en la compra de una empresa, Talismán, productora de crudo. Esta compra, que en otras circunstancias podría haber resultado una buena operación, ha colocado a Repsol en una difícil posición, que le está obligando a un plan de ajuste muy severo, cuya difusión se conocerá estos días. La venta de algunos de los activos que hasta ahora se resistía a realizar, como su participación en Gas Natural, puede ser la medicina oportuna e imprescindible para sanear el endeudamiento bastante elevado en el que ha incurrido la petrolera española para financiar la importante compra realizada hace unos meses, cuando hubo de pedir importantes créditos para pagar la adquisición de Talismán. Cabe la posibilidad de que en las próximas jornadas, la calificación que las agencias conceden a Repsol sea objeto de una revisión a la baja, lo que sería un contratiempo de cierta importancia para la cotización de la petrolera. Mientras el petróleo siga a los precios actuales, el panorama para las petroleras no será favorable.