China y España, polos opuestos en innovación

La inversión en I+D (investigación y desarrollo) en los países industrializados ha dado sorpresas y decepciones en estos años de crisis. Una de las más destacadas es la imparable ascensión de los chinos, que en el año 2012 superaron a la Unión Europea en conjunto como la segunda mayor potencia del mundo en gasto en investigación y desarrollo en proporción al PIB. Ahora, dos años después, el gasto de los chinos en esta materia ha superado ya en valores absolutos al del conjunto de la UE, con unos 368.000 millones de dólares frente a los 363.000 de la UE y los casi 500.000 de Estados Unidos. En términos relativos, la posición española ha sufrido, por el contrario, un deterioro gradual a lo largo de los años de crisis, de forma que nos encontramos como país prácticamente en la cola del mundo industrializado, con un gasto equivalente a la mitad del que realizan los países desarrollados en relación con el tamaño de la economía. Un reflejo no sólo de las deficientes prioridades del gasto (público y privado) que se han desarrollado en España y del deficiente sustrato educativo que está en la base de todo desarrollo innovador.

Las diferencias entre los tres grandes bloques mundiales se van estrechando, aunque China tiene necesidad de ir más deprisa ya que, en la base de todo esfuerzo investigador, hay un sustrato educativo que no se puede improvisar y que exige el esfuerzo de varias generaciones, al que China todavía no puede entregarse de forma tan plena como algunas economías más avanzadas.

Es por este motivo por el que el rápido avance de China en la lista mundial de los países más volcados en la I+D está estrechamente conectado con la estrategia de inversiones exteriores. China está comprando empresas con alto potencial investigador e importantes hallazgos en su catálogo, lo que implica multiplicar su capacidad de crecimiento. En la actualidad, China supera ya el 2% del PIB en dedicación a los gastos en investigación y desarrollo, según acaba de certificar la OCDE, aunque una parte de estos desembolsos los realizan empresas estatales o filiales adquiridas en el exterior durante los últimos años. En algunos casos, estas operaciones son bastante recientes e incluso están en fase de gestación. No sería extraño que en los próximos meses veamos a empresas chinas adquiriendo nuevas empresas con altas dosis de tecnología con objeto de desarrollar más velozmente algunas de sus líneas estratégicas de crecimiento. Por ejemplo, en la industria aeroespacial o en la de componentes electrónicos.

El hecho de que China haya superado hay a la Unión Europea en conjunto merece ser destacado ya que la Unión Europea ha incumplido el objetivo de alcanzar el 3% del PIB en este gasto, objetivo que ahora ha sido pospuesto para finales de esta década, sin muchas expectativas de lograrlo. Países importantes como Francia o la misma Gran Bretaña, por no hablar de España (que se sitúa en la cola de la OCDE como uno de los países con menor gasto en este cometido) han aflojado considerablemente su esfuerzo investigador en los últimos años a pesar de disponer de una base educativa muy considerable para situarse en posiciones de vanguardia mundial. La crisis económica de estos últimos años ha mermado de forma considerable el esfuerzo innovador en Europa, en donde salvo Alemania, el desierto cultural en esta materia es alarmante.

La vanguardia mundial la ocupan en la actualidad tres países que destinan al esfuerzo innovador en torno al 4% del PIB, caso de Corea del Sur, Israel y Japón, cuyo tamaño es, sobre todo los dos primeros, notoriamente inferior al de China y, por lo tanto, en volumen absoluto sus cifras de gasto en investigación y desarrollo son claramente menores. Pero estos tres países están sacando provecho a su agresividad innovadora, de base eminentemente privada, para situar continuamente nuevos productos y tecnologías salidos de sus importantes factorías innovadoras.