El déficit autonómico, un desbarajuste

Todavía están por publicar las cuentas públicas del año 2015, aunque a finales de noviembre, tras once meses de andadura, el conjunto del Estado (incluyendo Administración Central, Seguridad Social y Autonomías) gastó 41.800 millones de euros más de lo ingresado. Es un desequilibrio muy importante, aunque es algo menor que el de un año antes, un 11,5% más bajo. Equivale al 3,87% del PIB. Así llevamos unos ocho años, si bien el desequilibrio va atenuándose conforme pasan los años y el dato con el que previsiblemente acabe el año 2015 no estará muy alejado del 4,2% del PIB que se había fijado como objetivo y que se había pactado con Bruselas. Aún en el caso de que se cumpla, las cifras son bastante preocupantes ya que ese déficit se suma al que ya arrastramos desde el año 2008, hasta superar el billón de euros, es decir, una cifra equivalente al 100% del PIB.

Como es lógico, todo el mundo da por hecho que este dinero lo vamos a devolver, aunque al ritmo que estamos gastando y presentando nuevos déficits conforme avanzan los años, la factura resulta cada vez más pesada. En la actualidad, esta factura se está pagando mediante créditos que puntualmente nos facilitan los inversores de todo el mundo, que son los que compran la Deuda Pública española. Este martes, el Tesoro ha vuelto a emitir Deuda a corto plazo (Letras del Tesoro) y lo ha hecho de nuevo con tipos de interés negativos. Es decir, cobrando en vez de pagando intereses. Pues bien, ni aun así están mejorando las cuentas públicas. Si los préstamos los tuviéramos que pagar a tipos como los que había normalmente hace cuatro o seis años, la Deuda Pública española estaría al borde del quebranto casi total.

La gangrena del gasto público tiene dos fuentes principales de desajuste, por un lado la Seguridad Social, en donde los gastos por prestaciones aumentan a un ritmo muy superior (a pesar de la modestia de los aumentos de los pagos a los pensionistas) al de los ingresos por cotizaciones y, sobre todo, el desequilibrio que ofrecen las cuentas de las Comunidades Autónomas. En los once primeros meses del año, las Autonomías han gastado 14.200 millones de euros más de los que ingresaron. Estaba previsto (y fijado por Hacienda) que el déficit de estas entidades no podía ser superior al 0,7% del PIB. Pero, en la práctica, se ha duplicado hasta el 1,3% del PIB.

Esa desviación de seis décimas, que habrá que ver en qué queda a final de año, cuando se contabilicen los datos de diciembre, que incluso pueden empeorar, es la que va a impedir que el conjunto del país pueda cumplir sus compromisos con Bruselas a la hora de sujetar la cuantía del déficit en el 4,2% del PIB como máximo. La Seguridad Social también aportará alguna desviación adicional, pero la más sustancial de todas es la que aportan las Autonomías, en especial el grupo de las que incumplen los objetivos propuestos.

Estos incumplimientos autonómicos son incluso más graves en la medida en que los gastos financieros de la deuda autonómica han descendido en un 51% este año respecto al año precedente. Si los costes financieros hubieran sido similares a años anteriores, el descalabro de las cuentas autonómicas sería descomunal. Y es este desajuste el que tendrá que afrontar como cuestión prioritaria el nuevo Gobierno, en especial con cuatro o cinco Autonomías que sistemáticamente, y con volúmenes importantes, incumplen el marco presupuestario común.