España, pendiente de la pista portuguesa

España continúa sin previsiones de nuevo Gobierno, dada la incapacidad de las fuerzas políticas para formar una mayoría confortable que le permita contar con un Congreso en sintonía. Este domingo, Portugal ha elegido presidente de la República. En Portugal, en donde gobierna una amalgama de partidos con predominio de la izquierda, se están dando unas circunstancias que podrían ser una especie de ensayo de lo que puede suceder en España y que, en pocas palabras, escenifican un claro enfrentamiento entre la coalición dominante en el Gobierno y las limitaciones que impone la Comisión Europea a la hora de ejecutar las principales decisiones de índole económica.

Una situación bastante similar a la que mantuvo en vilo a la Unión Europea durante buena parte del pasado año con Grecia en el epicentro del conflicto. Es decir, la perenne lucha entre el idealismo de unas fuerzas políticas que llegan al poder cargadas de buenas intenciones y el realismo que impone la Eurozona al exigir el cumplimiento de ciertas normas básicas para un correcto funcionamiento de la economía. En el fondo, el debate está abierto entre los utópicos planteamientos de los partidos de izquierdas que han llegado últimamente al poder en algunos países de la Unión Europea y los postulados más ortodoxos de la Unión Europea, secundada por el Fondo Monetario Internacional.

Ni qué decir tiene que el contenido utópico de algunos de los partidos que copan parcelas importantes de poder parlamentario en los países de la periferia europea sólo resulta realizable con dosis, a veces importantes, de dinero público que naturalmente estos países reclaman a la UE o sus propios Presupuestos nacionales, a base de plantear insoportables déficits públicos. Con el slogan de acabar con la austeridad, las propuestas de la izquierda chocan habitualmente con los dictados de la Comisión Europea, generalmente dominada por tendencias socialdemócratas y liberales, pero siempre con clara influencia germana ya que Alemania es el país que a la postre acabe poniendo el dinero para financiar algunas de las aventuras de los socios más provocativos.

La expectativa que se le abre a España en los próximos meses puede resultar una reedición del caso griego y del que está a punto de cristalizar, el de Portugal. Este miércoles, ya con nuevo Presidente, Portugal recibe a la famosa troika, integrada por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. Portugal necesitará el aval de estos tres importantes organismos para hacer viable sus nuevos propósitos económicos, cosa bastante difícil.

En España, la viabilidad de un Gobierno de izquierdas, con la presencia de tendencias radicales de la marca Podemos, chocará previsiblemente con los límites que impondrá Bruselas. Propuestas como el impago de parte de la Deuda Pública, o su versión edulcorada (de “auditoría” de la Deuda), la revisión a fondo de la reforma laboral (que, por cierto, acaba de imitar el Gobierno socialista francés para lanzar un ambicioso plan de fomento del empleo), la ampliación del déficit público, el rechazo de recortes de gasto que resultarán inevitables para el mismo Presupuesto de 2016 y otras, son previsibles escenarios de confrontación que van a marcar los límites para un Gobierno de coalición de izquierdas bajo la batuta de los socialistas. En las próximas fechas veremos hasta qué punto Bruselas muestra el camino a seguir en el más que probable encontronazo con el Gobierno portugués.