El euro, ¿hacia la paridad?

El euro sigue desinflándose, aunque con insuficiente impacto en la mejora de la economía común de los europeos. Este lunes arrancó la semana en una de sus cotas más bajas del año. Ha perdido desde principios del año 2015 un 12,5% de su valor frente al dólar. Y en los últimos doce meses, la desvalorización de la divisa europea frente a la estadounidense alcanza ya algo más del 15%.

Son caídas gruesas, de hondo impacto potencial en el comercio y en los precios. Pero ni el caudal exportador europeo le está sacando jugo en la medida deseada ni en materia de inflación (ahora que necesitamos inflación más alta, quién lo diría) estamos saliendo de los números rojos. El objetivo ideal del Banco Central Europeo (BCE) para este año, como en ejercicios anteriores, es acercar el ritmo de crecimiento de los precios al 2% anual.

Pero estamos lejos. Las tasas de crecimiento de las exportaciones no son tan deseables como querrían los responsables de la economía europea, ya que con un euro barato en el entorno internacional, el comercio comunitario lograría el doble efecto de aumentar la capacidad exportadora (añadiendo actividad a la economía) y encarecer las importaciones, dando algo más de fuerza a las tensiones inflacionistas, que se resisten a aparecer. Claro que la debilidad de las subidas de precios tiene mucho que ver con la deprimente carrera de los precios energéticos, en especial del crudo de petróleo.

A la postre, la debilidad del euro frente al dólar y a otras divisas importantes del comercio mundial n o está aportando los beneficios que se esperaban, aunque algunas economías, como la española, se están beneficiando de un notable flujo de entradas de turistas que vienen con dólares más fuertes en sus bolsillos y pueden por lo tanto engordar su capacidad de compra.

La expectativa que algunos ya manejan es la de un euro aún más débil. Si esta semana arrancó en torno a 1,05 dólares, la posibilidad de una paridad entre ambas divisas es vista ahora mismo como algo más que probable. El euro se estrenó en el mercado con una paridad igualitaria con el dólar. Ahora, tras varios años de éxito en los que la divisa europea se ha revalorizado de forma sustancial frente al coloso americano, volvemos al punto de partida.

La posibilidad de que ello suceda está en manos del BCE, que este jueves celebra de nuevo una reunión de importancia alta, en la que se podrían tomar decisiones de envergadura en dos planos. Por un lado, mediante un aumento de las compras de deuda (es decir, inyectando más liquidez al sistema para reavivar el crédito). Y, por otro lado, rebajando la tasa que el banco de la zona euro aplica a los depósitos que dejan los bancos en su tesorería, es decir, la denominada Facilidad de Depósito, que está ya en negativo (-0,29%, es decir, a los bancos les cuesta dinero dejar liquidez depositada en la entidad central). Se dice que esta tasa de depósito podría ser elevada en diez e incluso en veinte décimas, hasta un -0,40%, lo que aumentaría el desincentivo para dejar dinero en la hucha del BCE y, por lo tanto, estimularía el uso de esa liquidez en funciones que aportaran rentabilidad, en vez de costar dinero.

Es bastante probable que si estas medidas se aplican finalmente, todas o alguna de ellas, este jueves, el euro sufra un nuevo recorte en su valoración frente al dólar. Por lo tanto, llegar a la paridad (un euro=un dólar) podría llegar a verse esta misma semana. A ver si con eso ya podemos darle combustible suficiente a la economía europea, que falta le hace.