Crecimiento pero con desequilibrios

La publicación del dato definitivo de la evolución del PIB durante el tercer trimestre del año ha confirmado tanto la sólida expansión de la actividad económica como la persistencia de algunos de los desequilibrios que presenta la economía y que no acaban de encontrar una corrección suficiente ni siquiera aceptable. El PIB creció a un ritmo anual del 3,4% en los meses del verano (cierre del trimestre en septiembre), coincidiendo con el importante flujo de ingresos que proporciona el turismo, bastante por encima de los correspondientes al mismo periodo del pasado año. Un 3,4% de crecimiento nos sitúa entre las mejores economías de la zona euro y del mundo desarrollado. Sólo algunos países de menor tamaño en Europa, como Irlanda o Luxemburgo, superan la tasa de crecimiento español.

Si nos comparamos con los países europeos más cercanos, España muestra algunos rasgos bastante poco satisfactorios. Primero, una tasa de paro muy superior, que la Comisión Europea ha calificado este jueves de “alarmante”. Segundo, un nivel de endeudamiento, tanto público como privado, muy por encima de la mayoría de países de la Eurozona y que pone en cuestión el potencial de crecimiento del país, limitándolo a unos márgenes bastante estrechos. De la crisis económica de estos años pasados hemos salido con un menor impulso y ese efecto durará varios años. Si España hubiera mantenido una economía más equilibrada en la vertiente presupuestaria y con un nivel de ocupación más elevado, el país estaría en estos momentos en condiciones de entrar en una dinámica expansiva muy superior a la que podemos aspirar.

La propia Comisión Europea se ha ocupado este jueves de llamar la atención sobre los desequilibrios y vulnerabilidades de la economía española. El aumento del PIB se está apoyando de forma excesiva en la demanda interna. El INE ha dado a conocer estas cifras este mismo jueves: la demanda interior ha crecido en el tercer trimestre gracias al motor del consumo familiar. Las exportaciones no están funcionan do a la altura de lo que se exigiría de una economía dinámica.

Es en este terreno en el que la Comisión Europea ha situado uno de los puntos más vulnerables de la economía española y que al mismo tiempo es el motivo por el cual el crecimiento potencial no es superior. La cuota de mercado de España en el comercio mundial está por debajo de nuestras posibilidades. La economía española ocupa la posición decimosexta del mundo en cuanto a flujos de exportación de mercancías. Su participación sigue anclada en torno al 1,71% del comercio mundial global, cuando en los mejores momentos del ciclo económico la exportación española subía por encima del 1,8% del comercio mundial y en algunos momentos llegó a rozar el 2%. Es una diferencia que puede parecer escasa pero que denota la menor capacidad competitiva del país frente a las demás economías internacionales. España todavía no ha logrado recuperar su nivel competitivo internacional propio de la anterior fase expansiva de la economía y este hecho condiciona tanto el crecimiento del PIB como la creación de empleo.

La otra deficiencia de la economía nacional es la elevada deuda, tanto pública como privada. Aunque nos encontramos en una fase de bajos tipos de interés (en realidad mínimos históricos), el peso de la deuda es un lastre muy considerable para nuestro crecimiento. Lo malo es que no hay fórmulas milagrosas para corregirlo pero debería instalarse como una de nuestras prioridades.