Abengoa, las buenas ideas y el dinero

Abengoa es una brillante idea a la que le ha fallado la financiación. Esta podría ser una forma de explicar el fracaso empresarial de una compañía que ha extendido sus tentáculos por un sinfín de países (más de 80 en la actualidad) multiplicando sus iniciativas empresariales con cientos de proyectos de desarrollo de energías renovables, en especial las relacionadas con el aprovechamiento de la energía solar.

Pero, por desgracia, no es esta la única explicación del fracaso de la compañía sevillana, que puede pasar a la historia como la mayor quiebra empresarial española, con un pasivo o deuda del orden de los 25.000 millones de euros, repartida entre entidades financieras y proveedores. Los accionistas también forman parte del espectacular quebranto financiero que puede acabar por llevarse a esta empresa por delante, accionistas que se encuentran no sólo en España sino en otras latitudes, ya que una filial de Abengoa cotiza en Estados Unidos desde hace dos años. En Abengoa ha habido siempre buenos técnicos, de vanguardia. Lo que no ha habido es una buena estrategia de financiación.

Ha faltado una dirección y unos gestores capaces de ajustar el ritmo de crecimiento de su actividad industrial a la disponibilidad de una financiación ajustada y a largo plazo, en consonancia con la madurez de los proyectos en los que se ha ido embarcando sucesivamente. La crisis financiera de Abengoa se produce en unas circunstancias especialmente favorables para la financiación, que existe en abundancia y sobre todo a un coste pocas veces visto en la economía mundial. Nos encontramos en una etapa de tipos de interés cercanos a cero. La inviabilidad financiera en estas condiciones no es una explicación sencilla.

No todo lo que ha fallado en Abengoa está en una explicación tan elemental como la falta del suficiente apoyo financiero, un apoyo que no sólo no le ha faltado sino que se ha multiplicado más allá de lo razonable hasta el punto de que la compañía ha conseguido crédito de una multiplicidad de bancos, tanto españoles como extranjeros. Buena parte de la financiación de Abengoa se ha concentrado en la cobertura de proyectos en mercados maduros, como el de Estados Unidos, en donde la presencia de la empresa española es más que relevante, ya que es una de las mayores compañías del país en su actividad.

La quiebra o la suspensión de Abengoa es un asunto que puede tener una repercusión considerable, y desde luego negativa, en la imagen exterior de España, un país que cuenta con una acreditada tecnología de vanguardia en pocas cosas. Por desgracia, esta crisis afecta a una de las pocas empresas españolas que han descollado en tecnología de vanguardia en todo el mundo, ya que Abengoa se encuentra en una de las posiciones más destacadas en el desarrollo y puesta en práctica de nuevas tecnologías para el desarrollo de nuevas energías.

Más del 85% de los ingresos de esta empresa proceden del exterior, de forma que el mercado español apenas representa un 15% del total de la actividad de la compañía andaluza. En especial, su presencia en Estados Unidos representa un tercio de sus ingresos y en Iberoamérica ronda el 20% del total, ya que se encuentra presente en países como México, Brasil y otros muchos, aunque en estos de forma más destacada al ser las dos mayores economías latinoamericanas.

Da la impresión de que en Abengoa, los ingenieros han tenido siempre más mano que los financieros. La famosa afirmación de que toda buena idea no debe fracasar por falta de financiación parece hacer agua en este caso.