El déficit público y el riesgo político

El déficit del Estado a finales de septiembre se ha situado en el 2,37% del PIB frente al 3,12% del mismo mes del año pasado. El objetivo de déficit de este año, contemplando todas las Administraciones Públicas (es decir, el Estado, las Autonomías, los Ayuntamientos y la Seguridad Social) está establecido en el 4,2% aunque la agencia de calificación Fitch acaba de pronosticar que el resultado final superará ligeramente el compromiso español con Bruselas ya que espera un déficit del 4,3% del PIB para este año. No es mucha la diferencia pero el desvío implica incumplir los compromisos asumidos con Bruselas.

La agencia calificadora dice que la incertidumbre política, incluido el desafío soberanista catalán, puede afectar a las cifras de este año y, sobre todo, del próximo. Naturalmente, para peor. En este ejercicio ya parece que no hay margen para el estropicio, pero en el año 2016 la situación puede ser diferente, lo que dependerá sobre todo del Gobierno que salga de las urnas y también de la forma en la que se gestiona la enorme deuda pública del país, que es uno de los puntos más delicados de la economía por el elevado grado de vulnerabilidad. Los tipos de interés están en mínimos históricos pero un soplo de incertidumbre política puede echar por tierra estas buenas previsiones de moderación del déficit.

En todo caso, la recaudación fiscal está subiendo un 5,9% en los nueve primeros meses, lo que da bastante margen presupuestario para presentar a finales de año un balance bastante positivo. Los gastos están aumentando de forma más moderada. Habrá en todo caso dos puntos negros, uno el desequilibrio de las Autonomías. Otro, el déficit de la Seguridad Social. Pero incluso con estos dos desfases, el conjunto del déficit público parece bien orientado.

El rumbo de las cuentas públicas ha mejorado en los últimos meses y ello a pesar de algunas críticas no bien intencionadas de quienes señalaban que las rebajas fiscales iban a entorpecer el logro de los compromisos presupuestarios. Estas rebajas fiscales, sobre todo centradas en el IRPF, y que se han traducido en dos oleadas de rebajas de tipos impositivos, van a tener una traslación al bolsillo de los ciudadanos bastante significativo. Este año se estima que ya han contabilizado 3.000 millones de menor presión fiscal sobre los particulares.

A pesar de ello, la recaudación por IRPF ha mejorado y cerrará previsiblemente el año por encima de lo previsto. Lo mismo sucederá con otros impuestos. En el caso del IVA, el principal tributo que refleja la bonanza del consumo privado, la mejora es también significativa. Qué duda cabe de que sin las rebajas fiscales contenidas en la reforma fiscal de Montoro, el logo de los objetivos de menor déficit habría sido más rápido. Pero, aun con todo, el déficit hasta finales de septiembre ha recortado unos 7.000 millones de euros en su cuantía.

Sin rebajas, este descenso del déficit podría haber sido mayor, pero las rebajas han contribuido a estimular la economía. No han sido sólo un pastel que el Gobierno ha brindado a los votantes para congraciarse con aquellos que todavía le reprochan la subida de impuestos en el primer año de mandato del PP en esta legislatura. Las rebajas fiscales han contribuido a calentar en alguna medida los bolsillos de bastantes españoles de clase media, que han intensificado sus gastos de consumo, lo que a su vez ha redundado en una mayor actividad económica. Es una pena que la Bolsa no acompañe con un buen año, como se esperaba, ya que las ganancias en los mercados bursátiles suelen contribuir a un crecimiento adicional importante del gasto privado, sobre todo en bienes de consumo duradero.