Brindis al sol nuclear

El cerrojazo al parque nuclear español vuelve a la campaña electoral. Lo nuclear tiene gancho. Los partidos de izquierdas creen tener una veta prometedora en este asunto, aunque quizás arrastre menos partidarios de lo que se piensa. Pero no cabe duda de que se trata de un slogan recurrente. Nadie lo diría, ya que en las más extremas de las proposiciones se habla de calendarios para dentro de media docena de años o más. Y en política estos son plazos mayores, quedan fuera de los rendimientos más inmediatos, que apenas alcanzan unos pocos años, por no decir unos meses.

El PSOE ha sido en la práctica el primero en retomar el asunto, aunque su programa energético contiene dosis elevadas de incongruencia. No se entiende bien cómo se puede defender a capa y espada el carbón nacional y apostar por la pureza del medio ambiente y por las políticas de apoyo a la salud climática. Claro que las cuencas mineras son una cantera de voto cautivo para los partidos de izquierdas y eso siempre se merece un respecto. El carbón español hace muchos años que es perfectamente prescindible: aporta muy poco a las necesidades nacionales de producción eléctrica, contamina más que ningún otro combustible, es una fuente energética en trance de extinción de los países desarrollados de nuestro entorno y ofrece escasas posibilidades de progreso económico y social a las mitificadas cuencas mineras, en donde los programas alternativos de ocupación y generación de riqueza no han sido objeto apenas de atención política, ni ahora ni con Gobiernos anteriores.

Pero en lo que atañe al programa nuclear español, del que casi nadie ha hablado en los últimos tiempos porque se trata de un asunto básicamente cerrado (las centrales nucleares existentes caminan hacia la finalización de su vida útil, que es de 40 años originariamente), las ideas que han empezado a hacer circular los partidos que se han pronunciado sobre el asunto, básicamente el PSOE, apenas aportan novedades sustanciales, fuera de una caga promesa de cerrar el parque nacional, sin que existan fechas claras ni expectativas de sustitución por otras fuentes alternativas. Sólo una difusa promesa de activar y promover las fuentes de energías renovables, que de por sí ya está en pleno desarrollo con más tropiezos que aciertos.

El parque nuclear español tiene en servicio 8 grupos nucleares en seis emplazamientos diferentes, a los que se podrían añadir, a efectos de recordatorio, dos plantas nucleares en fase de desmantelamiento, la de Zorita (cerca de Madrid), que es la primera central nuclear española, y uno de los dos grupos de Vandellós (Tarragona), que padeció un incendio hace ya bastante tiempo y que no ha sido reabierto. Este parque nuclear representa algo más del 7% de la potencia eléctrica instalada aunque proporcione en promedio un 20% de la electricidad que se consume en el país. Su papel en el suministro eléctrico y energético es, por lo tanto, muy relevante. Quizás ello explique que cuando se lanzan soflamas contra la energía nuclear, son pocos los que verdaderamente están pensando en prescindir de esa fuentes energética, ya que implicaría dejar al país a oscuras o dependiendo de fuentes de energía bastante más costosas y, en algunos casos, tan impredecibles como la energía eólica o incluso la termosolar.

La caída de los precios del petróleo (y a la postre del gas) podrían brindar una oportunidad interesante para ajustar en alguna medida el papel de la energía nuclear en nuestro abastecimiento energético. Pero incluso con este abaratamiento del crudo y del gas, la energía nuclear sigue aportando una electricidad altamente competitiva que el Gobierno que intente someterla a un cierre, sea parcial o generalizado, tendrá que explicar cómo va a reemplazarla.