El impasse político y la inversión

Las decisiones de inversión en la economía española no parecen haberse paralizado en los últimos meses, pero existe la sensación de que algunos agentes económicos van a tomarse una pausa hasta que el panorama político doméstico se decante en alguna dirección. Sobre todo lo que esperan los grandes, medianos y pequeños inversores es que España disponga de un Gobierno con suficiente capacidad decisoria tras los próximos resultados electorales.

En principio, la plataforma sobre la que se ha situado el país tras el buen año 2015 es altamente prometedora. Aunque muchos analistas se muestran cautos a la hora de lanzar sus pronósticos sobre lo que pueda suceder con el crecimiento del PIB durante el año 2016, existe un amplio consenso que apunta hacia una menor tasa de expansión de la economía, que podría rondar entre el 2,6% y el 2,8% de crecimiento, lo que es menos que el 3,1% que parece probable para el crecimiento del PIB de este año 2015.

Los últimos datos conocidos sobre la creación de empleo, que apuntan a un aumento de la ocupación superior a las 500.000 personas durante el año 2015, aportan una excelente garantía de crecimiento de la demanda interna para el próximo año. Con un nivel de ocupados por encima de los 18 millones de personas, algo que no se conocía en España desde el cuarto trimestre del año 2011, la economía está aún lejos de contar con un tamaño de mercado interior que pueda emular los de los momentos más álgidos de la reciente historia. España tenía 20,75 millones de ocupados en el tercer trimestre del año 2007, es decir, ocho años atrás. Es decir, en ocho años han desaparecido 2,7 millones de ocupados, lo que indudablemente resta un notable potencial al crecimiento económico. Pero en los últimos trimestres, la tendencia ha cambiado y está aumentando el número de personas con empleo y. por lo tanto, el potencial de crecimiento de la economía, por mucho que los niveles salariales sean muy similares a los de hace unos años e incluso en algunos segmentos de la población ocupada sencillamente inferiores a causa de la intensa devaluación salarial que se ha producido.

Hay, por lo tanto, una base bastante prometedora para garantizar el crecimiento de la economía durante el año 2016, lo que no significa que las previsiones vayan a resultar necesariamente mejores. Hay algunos factores que han soplado en favor del crecimiento económico en estos últimos trimestres, como el bajo precio del petróleo, que en principio va a continuar favoreciendo el bajo nivel de uno de los principales costes de la economía, el energético. Es probable que la actividad económica en la mayoría de los países que son los mayores clientes españoles (en especial la zona euro, aunque no se puede decir lo mismo de algunas economías emergentes) se mantenga a cotas similares e incluso mejores que las de este año. También parece garantizada la moderación de los tipos de interés, al menos en la zona euro, si se admiten las últimas declaraciones del presidente del BCE. Otra cosa es lo que pueda suceder con los tipos de interés en EE.UU.

En suma, la mayor parte de los motores de la economía que han jugado a favor del crecimiento del PIB en el año 2015 se mantendrán firmes en el año 2016. Sólo la variable de la inversión y el estado de ánimo de los consumidores pueden sufrir alteraciones. Y ello dependerá en gran medida de la forma en la que los inversores reaccionen ante la situación política española que surja de las próximas elecciones generales. Las últimas valoraciones parecen bastante positivas, pero hasta que el próximo Gobierno eche a andar no habrá forma de comprobarlo. Es de desear que estos seis meses, más o menos, de impasse, de compás de espera, en la vida política, no pasen una factura demasiado costosa para el grado de inversión y de confianza en el futuro económico.