Un resultado ya descontado por los mercados

Los resultados de las elecciones catalanas han respondido a las expectativas con bastante aproximación: mayoría absoluta independentista en diputados, equilibrio bastante aproximado en votos populares, incluso con un ligero sesgo a favor de la continuidad. Vistos desde el exterior no aportarán, en sí mismos, grandes novedades. Entran dentro de lo esperado y de lo previsto. Por decirlo en términos de mercado, se trata de unos resultados descontados por anticipado. Añaden un punto de inestabilidad e incertidumbre a la vida política española aunque los verdaderos efectos habrán de llegar con las elecciones generales de finales de diciembre. En qué medida los resultados de las elecciones catalanas pueden ser un anticipo de los resultados de las elecciones en el conjunto del Estado español es la pregunta que posiblemente se estén formulando muchos analistas económicos.

Sólo en el caso de que el nuevo Ejecutivo catalán intente acelerar los plazos y adoptar medidas efectivas en relación con su pertenencia al Estado español, abriendo una ruptura política de largo alcance durante el interregno hasta las generales, se podría generar un efecto político internacional de mayor envergadura, ya que el fantasma de la ruptura de la UE volvería a reeditar previsiblemente el estado de crispación que se vivió con ocasión de la crisis griega, finalmente reconducida.

La votación de este domingo ha dejado clara la voluntad de los catalanes pero en las últimas semanas han proliferado las llamadas a la sensatez y al rechazo rupturista por parte de sectores cualificadamente muy importantes de Cataluña, como el sector empresarial. Es difícil que pronunciamientos como los que se han producido en estas últimas dos semanas, protagonizados por importantes sectores de la sociedad catalana, puedan ser marginados por los nuevos gobernantes que salgan de esta consulta. El nuevo Gobierno catalán tendrá que responder a la voluntad popular pero también a los imperativos de la realidad.

La economía española se encuentra en un estado delicado, muy sensible a impactos externos. La economía va bien, crece por encima del 3%, que es lo más alto que se puede encontrar en estos momentos entre las grandes economías europeas. Un viento fuerte soplando de costado sobre nuestra actual trayectoria económica podría causar grandes daños, que en nada convienen ni a los catalanes ni a los españoles en conjunto. Es por ello por lo que se podría suponer que los protagonistas antagónicos del tablero catalán tendrían que acentuar su capacidad de entendimiento, alejando los riesgos de ruptura política que a nadie van a beneficiar.

A muy corto plazo, ya hemos empezado a observar cómo el conflicto catalán ha añadido un punto de incertidumbre a la estabilidad política española y a la imagen de solvencia de la economía. Los tipos de interés se han empezado a tensar al alza y, contra lo que había venido sucediendo en el pasado reciente, los inversores han empezado a exigir a la deuda española una remuneración algo más elevada que a Italia, una economía que hasta hace poco tiempo debía pagar su deuda estatal algo por encima de la española. Los mensajes que ha lanzado estos días en algunas plazas internacionales el titular de Economía, Luis de Guindos, tratando de subestimar el impacto de un resultado favorable al independentismo catalán, no parecen haber surtido mucho efecto, aunque el verdadero impacto de los resultados electorales lo veremos este lunes en la evolución de la Bolsa doméstica y en el mercado de bonos.