La Bolsa, un incipiente desengaño

La Bolsa española, medida por su principal índice, el selectivo Ibex 35, pierde un18% desde el pasado 10 de agosto, es decir, en poco más de un mes. Desde los máximos del año (13 de abril), la caída es del 21,7%. En lo que va de año, la pérdida ronda el 9,6%. El año bursátil se presenta por lo tanto bastante decepcionante, en contraste con los pronósticos que hasta hace unos pocos días todavía se venían lanzando a los cuatro vientos. Entre las 35 compañías del Ibex, apenas quedan empresas cotizadas con signo positivo en su balance anual. El retroceso es bastante generalizado, aunque los bancos, algunas compañías industriales (en especial las del acero) y algunas constructoras junto a la petrolera Repsol, se llevan la palma.

Se palpa un notorio desencanto en los ambientes económicos, no sólo españoles (muy mediatizados por circunstancias propias, como la inestabilidad que transmiten los procesos electorales de próximo desarrollo) sino en el mundo desarrollado, sobre todo en la Eurozona, en donde las cosas no acaban de rodar con la vitalidad que se deseaba. Lo de Volkswagen viene a añadir más incertidumbre aún a los estados de ánimo de los inversores.

Hay bastante desconcierto entre los expertos. Sin ir más lejos, los analistas de la agencia de calificación de riesgos Moody’s acaban de elevar su pronóstico sobre el crecimiento del PIB español. Los analistas de esta institución han sido los últimos que han revisado al alza sus pronósticos sobre el futuro de la economía española, a la que le atribuyen un crecimiento del 3,2% para este año, muy similar al del Gobierno y al de otras entidades públicas y privadas.

Estos buenos pronósticos están chocando ya con algunas primeras evaluaciones menos positivas, que alertan sobre los riesgos económicos del momento. La Bolsa parece haberlos detectado de forma precoz, no sólo en España, sino en todos los grandes países industrializados, ya que la caída de las cotizaciones se ha generalizado en los últimos días hasta el punto de que las grandes Bolsas se encuentra ya todas en números rojos, con caídas que rondan el 2% en el caso del índice sintético de la Bolsa europea hasta el 43% de la Bolsa brasileña pasando por el 8% de caída del indicador bursátil mundial. Las Bolsas de China pierden entre un 12% y un 18% en lo que va de año mientras las de Estados Unidos registran caídas algo más suave, del orden del 6% en uno de sus indicadores más representativos.

La incertidumbre que domina la escena tiene su base sobre todo en las economías emergentes, particularmente la de China (que es la segunda economía del mundo y por lo tanto con una gran incidencia en el conjunto de la economía global) y en segundo término la de Brasil. Esta última, en todo caso, muy interrelacionada con la Bolsa española habida cuenta de la fuerte presencia de grandes compañías españolas en este país. Los problemas de Brasil y, quizás en menor medida, los de China, van a trasladarse en alguna medida a la economía española. El comercio mundial no ha dejado de desacelerarse en los últimos meses y eso terminará por afectar a todas las economías desarrolladas. En unos primeros momentos, el impacto de estas inclemencias en la economía mundial había sido desestimado, minusvalorado, incluso despreciado como algo marginal. A la hora de la verdad está ejerciendo un impacto reforzado. No se acaba de entender bien cómo es posible que en apenas un mes las Bolsas internacionales hayan registrado caídas superiores al 10%.