El déficit baja a pesar de la reforma fiscal

La segunda asignatura pendiente más importante que tiene la economía española (la primera es desde luego la creación de empleo y la reducción de la tasa de paro) parece dar mejores señales de lo que se esperaba. Las cuentas públicas han cerrado el mes de julio con un prometedor estirón de la recaudación fiscal. España tiene que cerrar el año con un déficit global del 4,2% del PIB, del cual un 2,9% el PIB es el tope máximo para el Estado, un déficit máximo del 0,7% del PIB para las Autonomías y un 0,6% para la Seguridad Social.

Sería milagroso que las Autonomías ciñeran sus desfases presupuestarios a los objetivos marcados por Hacienda. En cuanto a la Seguridad Social, y a pesar del vigoro ritmo de creación de empleo, las cuentas posiblemente no salgan como era deseable porque los ingresos por cotizaciones están muy por debajo de las previsiones habida cuenta de que la creación de empleo está apoyándose últimamente en descuentos de cuotas para que las empresas se vean estimuladas a contratar.

En todo caso, las cuentas del Estado, sin Autonomías y sin Seguridad Social, están funcionando bastante mejor de lo previsto debido a la excelente trayectoria de la recaudación fiscal. Todos los impuestos suben su recaudación con fuerza, el IRPF porque hay más personas trabajando, el de Sociedades porque las cuenta de resultados y los beneficios de la empresas van mejor y, por último, los ingresos que aporta el IVA también crecen con cierta intensidad (casi un 8% en siete meses) debido en este caso al aumento del consumo privado. Las previsiones oficiales sobre la evolución del déficit han sido tachadas hasta el mome4nto de algo voluntaristas, con cierta dosis de fantasía, tal y como han señalado algunos organismos oficiales españoles, en la creencia de que las previsiones no se iban a cumplir. Las cifras de julio podrían aportar un enfoque algo más optimista.

Hay más dinero en el bolsillo de los españoles que tienen el privilegio de disponer de un empleo y el gasto de las familias y de los individuos se ha disparado en algunos meses con bastante intensidad, el último mes en más de un 4%. Los ingresos al alza en IRPF y en Sociedades aumentan incluso de forma importante a pesar de las rebajas de tipos de gravamen en el primero de los dos tributos, rebaja que el Gobierno realizó dentro de la reforma fiscal ya aprobada e incluso anticipada en algunos casos en lo relativo a los recortes de tributos previstos para el año 2016, que se han adelantado a este año.

Se está cumpliendo este año esa aspiración de algunos fiscalistas ortodoxos según la cual las rebajas de tipos de gravamen en el impuesto de la Renta suelen traducirse en mejoras de la recaudación fiscal, ya que impuestos más bajos pueden estimular la sinceridad fiscal y provocar un incremento de las bases imponibles o declaradas de los contribuyentes. Los impuestos elevados no siempre son una panacea para incrementar la recaudación fiscal. A veces provocan justo el efecto contrario. En nuestro caso, el incremento de la recaudación coincide con un movimiento cíclico de la economía, ya que la recuperación de la actividad está provocando un aumento del número de declarantes, más que un incremento de las rentas o de las bases imponibles individuales. Posiblemente se estén mezclando los dos factores, más declarantes y más renta declarada. Lo cierto es que la reforma fiscal no ha recortado los ingresos sino que se está produciendo un aumento de los mismos coincidiendo con la entrada en vigor del nuevo esquema tributario surgido de la reciente reforma.

La favorable evolución de la recaudación es, en todo caso, la razón principal por la que el déficit público podría estar ajustándose este año a los objetivos previstos, al menos en el caso del Estado.