Los tres focos del nuevo curso

El final de las vacaciones estivales da paso esta semana al inicio del tramo final de la legislatura y al retorno de la actividad en amplios frentes de la vida política y económica. Afrontamos estos cuatro últimos meses del año con al menos tres puntos de referencia: las elecciones generales y las catalanas del 27-S, la crisis de China y el esperado cambio en la estrategia monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos. Son, a priori, los tres puntos que pueden tener una mayor influencia en al curso de la economía.

Las dos citas electorales que tenemos por delante van a ser seguidas muy de cerca por los medios económicos internacionales. No sería extraño que en estos meses de vigilia, las grandes decisiones económicas que hayan de tomarse sobre España conozcan una especie de tregua, lo que en sí mismo es un mal asunto para el mejor desenvolvimiento de la economía. Máxime en una situación como la que vive la economía española en estos momentos, con un ritmo de crecimiento acelerado, que ya ha rebasado el 3% de crecimiento del PIB, el más elevado con diferencia entre los grandes países de la zona euro.

Para el buen desenvolvimiento de la actividad económica, la estabilidad es un valor en sí misma. Por ello, los cambios que hayan de producirse como consecuencia de los procesos electorales en marcha deberían garantizar la mayor estabilidad posible, no tanto a la composición de los Gobiernos que salgan de estas elecciones sino a las políticas que vayan a desarrollar los futuros gestores de la vida política. Los inversores no desean cambios bruscos, sobre todo cuando las cosas van bien o incluso, como es el caso español ahora mismo, bastante bien. España está siendo puesta como ejemplo a seguir por numerosas instancias internacionales. Torcer nuestros pasos para entrar en dinámicas inciertas no es una buena idea. Siempre se pueden mejorar las cosas pero está claro que cambios drásticos en la política económica del país sembrarían inicialmente la inquietud en medios económicos.

Una segunda variable que va a seguir condicionando nuestro futuro económico en estos meses finales del año es la inevitable crisis china, no tanto por lo que respecta al impacto directo de esta en España sino a los efectos que podría tener en países que forman parte muy estrecha de nuestra proyección exterior. Básicamente, las economías latinoamericanas, en las cuales España tiene intereses muy importantes (Brasil sobre todo, México y Colombia también), podrían llegar a sufrir importantes procesos de desaceleración que tendrán consecuencias directas en empresas españolas y en la economía de nuestro país. El hecho de que Brasil ya haya entrado oficialmente en recesión (dos trimestres consecutivos con caída del PIB), es algo más que un aviso importante para la continuidad de nuestros intereses económicos y empresariales más allá de nuestras fronteras. La Bolsa española es este año la de peor desenvolvimiento entre las europeas debido a la sombra que proyecta sobre algunas grandes empresas españolas el negro panorama que se vislumbra en la economía de Brasil a corto plazo.

Un tercer elemento de inestabilidad económica está siendo la dubitativa estrategia monetaria que vive la Reserva Federal estadounidense en relación con la esperada subida de los tipos de interés. Esta subida, sobre la que sabremos algo más concreto los días 16 y 17 de este mes de septiembre, podría generar cambios más profundos aún en las corrientes internacionales de capitales, lo que iría en detrimento de las expectativas de crecimiento europeo y en concreto de las españolas.