La industria, realidad o milagro

El 29,3% de los empleos que se crearon en España durante los últimos doce meses (hasta junio pasado) fueron responsabilidad del sector industrial. Si a ello se añade el empleo creado en el sector de la construcción, otro 22,2%, resulta que un 51.5% de los nuevos empleos que han aparecido en la economía española en estos doce meses de recuperación han encontrado acomodo en la industria y en la construcción. El despertar de la economía española a partir de la primavera del pasado año es, por lo tanto, esencialmente industrial, a pesar de que el sector servicios (con el tirón del turismo como principal argumento) suele ser considerado como el que mayor contribución realiza a la mejora del mercado de trabajo en España.

Sin dejar de ser cierto, también lo es el hecho de que la industria española está registrando en los últimos meses un despegue muy considerable, que se apoya tanto en la reacción al alza del mercado doméstico como en las exportaciones. Es el gran motor del resurgimiento de la economía del país. La industria española ha sufrido un importante ajuste en los años de crisis, pero a estas alturas, con 2,5 millones de empleos funcionando, más poco más de un millón adicional en el sector de la construcción (en conjunto cerca de 3,6 millones de empleos), la industria ofrece unas expectativas radicalmente diferentes a las de hace dos años. En los doce últimos meses ha creado 150,600 nuevos empleos (aumento el 6,4%) mientras la construcción aportó 113.900 nuevos puestos de trabajo (aumento del 11,6%), en ambos casos a ritmos de crecimiento muy superiores a la media, ya que la población ocupada creció en un 2,96% durante este mismo periodo.

Casi se podría decir que, junto al espectacular aumento del turismo, la industria está siendo el gran soporte de la recuperación económica del país, una afirmación avalada por el hecho de que la capacidad productiva está siendo utlizada en la actualidad en un 77%, un ritmo de aprovechamiento de la capacidad que no se conocía desde hace diez años, cuando el sector industrial había llegado a superar puntualmente el 80% de su capacidad, en la época dorada del consumo interno, más que de las exportaciones, que también eran considerables.

Los últimos empujones al crecimiento de la industria han venido de la mano de tras sectores de actividad especialmente dinámicos, el de bienes de equipo (reflejo del alto grado de inversión que hay en el país, ya que una parte sustancial de la producción de la maquinaria se destina al mercado interno), el del automóvil y el de la industria alimentaria. El automóvil, un segmento de actividad en el que España no cuenta con empresas propias en la actividad principal (la del montaje de vehículos, ya que las 17 plantas existentes son de multinacionales) pero sí con una potente industria auxiliar, fabricante de componentes, está siendo uno de los motores más sólidos de la expansión de la industria española, con un objetivo de ensamblaje de 3 millones de vehículos en el horizonte de uno o dos años. La industria española ha demostrado en estos dos últimos años unas condiciones muy avanzadas de competitividad que le están sirviendo para consolidar mercados exteriores, abriendo el abanico hacia zonas, como Asia, en las que la presencia de los productos españoles era escasa, entre otras cosas porque las empresas españolas ya pueden competir favorablemente frente a los fabricantes asiáticos, tradicionalmente más competitivos.

Varias voces relevantes en el sector industrial español han sugerido al Gobierno, en los últimos meses, la revisión a fondo de la política industrial del país. Quizás sea un eufemismo hablar de “política industrial”, pero en todo caso bueno sería que los responsables de la Administración tomaran conciencia de la necesidad de reforzar algunas de las líneas de colaboración entre el sector público y el privado, entre otras áreas en las de fomento de la investigación y desarrollo. Una de las características que aporta la industria al mercado de trabajo es la de una mayor calidad en el empleo, ya que la precariedad de la que a veces tanto se habla predomina en otros sectores, como el sector servicios, por las características de las actividades que lo integran. Pero en la industria, el empleo estable está mucho más extendido en términos relativos por la propia naturaleza del trabajo y de la necesidad de una vinculación a largo plazo entre los trabajadores y las empresas, dado el mayor nivel de formación que requieren los trabajos del sector industrial.