En busca de un PIB sostenible

La economía española, el PIB, acaba de llegar a la velocidad de crucero del 3%, algo que no lograba desde finales del año 2007, es decir, en torno a ocho años. Con el dato del segundo trimestre del año en curso son ya ocho los aumentos trimestrales del PIB en términos anuales. Aún así, el país todavía no ha logrado sacudirse las pérdidas acumuladas en los años duros, por lo que la recuperación del nivel de riqueza nacional se hará esperar todavía unos pocos trimestres, quizás tres o cuatro. La tendencia es indudablemente buena, pero recuperar lo perdido está todavía entre las tareas pendientes.

Los datos del segundo trimestre del año, un 3,1% de aumento del PIB sobre el mismo trimestre del año pasado, implican una cierta aceleración en el ritmo de la actividad económica. Los motivos de esta aceleración residen en el aumento del consumo privado y en la elevada aportación del sector turístico, con su positivo impacto en el empleo.

Una de las cosas que cabría preguntarse es la de si este ritmo de crecimiento, que se sitúa a la vanguardia de los países europeos y de las grandes economías (Estados Unidos acaba de anunciar para el mismo periodo un aumento interanual del 2,3%) es susceptible de sostenerse a medio plazo o si, por el contrario, se trata de un calentamiento esporádico y pasajero. De hecho, algunos analistas ya anticipan que durante el tercer trimestre del año habrá un leve debilitamiento de la actividad y lo que en el pasado trimestre superaba el 3%, quizás se quede algo por debajo. Quizás en ello pueda influir un cierto desfallecimiento de la inversión pública y del gasto corriente de los entes públicos, que en los meses ya transcurridos han mostrado una tendencia alcista motivada por las elecciones autonómicas y locales. Terminado el efecto electoral, quizás el gasto se modere algo en el sector público, lo que permitiría anticipar esa menor expansión del PIB en el tercer trimestre.

Para que el crecimiento del 3% del PIB se convierta en sostenible tendrán que darse algunas condiciones: el crecimiento del consumo privado tendría que mantenerse a buen ritmo apoyado en la creación de empleo (España está creando en la actualidad alrededor de medio millón de empleos anuales, lo que aporta una creciente solidez a la demanda de consumo), los bajos precios del petróleo deberían mantenerse por algún tiempo, la debilidad del euro sería un compañero de viaje interesante y quizás necesario, los procesos de inversión tendrían que mantener su firmeza de estos últimos meses apoyada en la confianza en el devenir futuro de la economía sin que los potenciales riesgos políticos pongan en peligro las decisiones de inversión, los tipos de interés tendrían que mantenerse tan bajos como en la actualidad y el dinamismo exportador del país tendría que beneficiarse de una demanda creciente por parte de nuestros principales mercados (básicamente las demás economías europeas), además de preservar las condiciones de competitividad que ha logrado mantener la industria española en los últimos dos años. Estamos viendo que la Eurozona no está logrando mantener un ritmo de actividad económica estable y mucho menos creciente, lo que constituye un riesgo importante para la continuidad del crecimiento económico español. Todos estos factores contribuirían a mantener el ritmo de crecimiento del país, convirtiéndolo en sostenible.

Algunos riesgos, sin embargo, parecen acechar en las últimas semanas, uno de ellos el frenazo en el crecimiento de la economía de China y su negativo impacto en las economías latinoamericanas, estrechamente vinculadas a la economía española. Un frenazo económico en Latinoamérica y una depreciación aguda de sus divisas, como estamos empezando a ver, pueden causar importantes trastornos a algunas empresas españolas estrechamente vinculadas a la zona y a nuestras exportaciones. El riesgo chino es uno de los puntos negros en el horizonte de la economía española. Quizás no sea el único pero a corto plazo es el que puede causar mayores distorsiones a nuestra economía.