Propuestas para enderezar la UE

La  resaca de la crisis griega está suscitando algunas reacciones políticas en el seno de la UE, una de las cuales está siendo impulsada por el Gobierno francés, con la finalidad de reducir los riesgos futuros de crisis como la que en los últimos meses ha traído de mal traer a los Gobiernos comunitarios. Y ello a pesar de la aparente insignificancia del principal protagonista de la crisis, Grecia, que apenas representa el 2% del PIB del conjunto de la Unión Europea.

El anuncio lanzado por  el Gobierno francés en demanda de un reforzamiento de la UE para neutralizar los riesgos de crisis futuras coincide con el último diagnóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía europea, a la que considera sometida a importantes riesgos de estancamiento económico, motivo por el que también se pronuncia en favor de una cierta movilización de voluntades para  estimular el crecimiento de la economía de la zona. Los pronósticos del Fondo sobre el futuro económico de la UE no son muy ilusionantes, ya que  entre el 1,5% de crecimiento posible del PIB para este año, apenas se alcanzaría un 1,7% de crecimiento el año 2016. Y esas cifras son desde luego muy poco estimulantes para una zona que aspira a un cierto liderazgo económico global, del que parece cada vez más alejada.

Los riesgos que observa el Fondo Monetario no están muy claros pero alude a la debilidad del sector bancario y a la ausencia de reformas que den mayor cohesión a la Unión Monetaria  como puntos  estratégicamente más urgentes de resolución.  El punto de vista francés, que será objeto de un amplio debate político en los próximos meses, parece más centrado en las reformas tendentes a proporcionar la cohesión económica que la implantación de la moneda única, hace quince años, no logró.

La Unión Monetaria se ha quedado coja porque le han faltado instrumentos de cooperación más estrecha en el terreno fiscal y presupuestario, sin olvidar la necesidad de una unión bancaria más  ajustada a la realidad de un conjunto de países que comparten una moneda única. Hay demasiadas disparidades en muchos ámbitos de importancia crucial.

Las diferencias de  tipos impositivos y de instrumentos fiscales son enormes, tanto en la tributación sobre la Renta de las personas como en el crucial Impuesto de Sociedades, lo que afecta de forma considerable a la competencia entre empresas. Los gravámenes sobre el consumo también ofrecen disonancias muy llamativas. Los resultados de las políticas presupuestarias son enormes, ya que el nivel de déficit público se ha distanciado entre los países miembros hasta límites desconocidos desde el comienzo de la Unión monetaria y la entrada en vigor de la moneda única.  Además, estas diferencias  se han intensificado a lo largo de la reciente crisis económica, durante la cual algunos países han forzado la máquina del endeudamiento hasta límites temerarios, como es el caso de algunas economías, la española sin ir más lejos, lo que limita de forma notable la aplicación y la eficacia de instrumentos de política económica en momentos de debilidad cíclica. En la casa común que es la Unión Monetaria, las  discrepancias son demasiado notorias como para alejar los peligros de una recaída. Mucho tendrán que trabajar los políticos y las instituciones europeas en los próximos meses para corregir tantos desajustes como los que nos impiden a los europeos avanzar en la dirección correcta y a la velocidad requerida.