Presupuesto para la posteridad

Quedan menos de dos semanas para que el Gobierno remita al Congreso de los Diputados el proyecto de Presupuestos para el año 2016, una presentación que  se adelanta al plazo legal de presentación (que se cierre el último día del mes de septiembre) en dos meses. El objetivo del Gobierno es marcharse a  casa con los deberes hechos,  tanto si en sus cálculos internos cree que tras las elecciones va a seguir gobernando otros cuatro años  (en solitario, poco probable, o en coalición, posible pero no seguro) como si  el que ocupe el poder es otro con ideas bastante distintas a las del actual partido gobernante.

Puede parecer una pretensión altruista ya que si el PP no gobierna tras las elecciones, dejar la herencia económica tan bien organizada para que otros gestionen  y se apunten el éxito no suele ser conducta habitual en la clase política española. Hay, sin embargo, algo (o mucho)  de  actitud interesada, en la medida en que los objetivos  y las medidas que se están anunciando para su inclusión en el próximo Presupuesto se están convirtiendo en promesas electorales.

Montoro ha  declarado hace pocos  días que  este Gobierno  pretende dejarlo todo bien atado para que el sucesor, caso de que no sea el PP, no cause un excesivo estropicio a la economía.  El PP se siente, como es patente, muy orgulloso de su trabajo al frente de la economía española, una creencia que en las últimas semanas sus principales dirigentes no dejan de repetir como  argumento electoral contundente. Pretende dejar maniatados a los futuros gobernantes para el año 2016, periodo de vigencia del nuevo Presupuesto. Es posiblemente una aspiración difícil de realizar porque la ejecución presupuestaria ofrece un amplio margen a los gobernantes que hereden el Presupuesto elaborado por sus antecesores.

Pero está claro que algunos objetivos  y no pocas medidas presupuestarias tienen  difícil rectificación,  a no ser que se esté en disposición de encajar costes políticos importantes. Sucede con las rebajas fiscales, de las que tanto habla últimamente Rajoy, o con los objetivos de déficit público, que siempre tendrá la mirada atenta y escrutadora de Bruselas para quejarse si se producen desvíos en su cuantía sobre lo pactado previamente. También se están manejando ofertas dinerarias  muy prometedoras para las Autonomías, a las que se dotará de unos 7.000 millones de euros adicionales, según la última oferta de Rajoy lanzada esta misma semana. En suma, el Gobierno ha convertido al Presupuesto del año 2016 en una fuente de argumentos para las elecciones inminentes  y, todavía más,   en una garantía de continuidad para su política económica durante el año entrante.

El PP, en  definitiva,  sigue considerando que la baza de la economía es esencial para su victoria en las próximas elecciones generales. Son numerosas las cifras que apoyan esta ilusión, sin ir más lejos las del mercado de trabajo, conocidas este mismo jueves, que le permiten al Gobierno afirmar que el empleo está experimentando su mejor trayectoria desde el inicio de la crisis económica, hace más de siete años. El alcance de la mejoría del empleo es, por desgracia, todavía bastante limitado, con una tasa de paro del 22,37%. Sólo ha bajado en dos puntos durante el último año. A este paso, volver a los niveles previos a la crisis, cuando la tasa de paro apenas llegaba al 10%, llevará varios años. El Presupuesto del año 2016, por muy  atado que se quiera, poco podrá hacer para acelerar este proceso.