Hasta dónde llegarán las pensiones

El riesgo futuro de las pensiones públicas vuelve a suscitar controversia, aunque como el asunto ha ido madurando con el paso de los años, cada vez parece menos sorprendente que un alto cargo de la Administración (en este caso el máximo responsable del Banco de España) lo saque a relucir para formular en público algunas reflexiones. La principal es la necesidad de que los españoles ahorremos algo más, para generar de cara al futuro una cierta renta con la que complementar la pensión pública. Conforme pasan los años, el importe de la pensión pública tiende a estabilizarse y posiblemente no tardará mucho en empezar a reducirse.

Pocos discutirán que en los españoles no está arraigada la búsqueda de un cierto acomodo para la edad de jubilación al margen de la pensión pública, que normalmente no ha sido muy sustancial y no da para vivir con excesos precisamente. Lo prueba el hecho de que la vivienda, la propia y a veces alguna más para dedicarla al alquiler y generar renta adicional, ha sido una obsesión de los ciudadanos. Por desgracia, la burbuja inmobiliaria ha recortado en alguna medida esta confianza en el ladrillo como fuente de renta para después de la jubilación. Aun así, el 70% de los jubilados españoles tiene su piso en propiedad y plenamente pagado, el porcentaje posiblemente más elevado del mundo. En Alemania, esta situación la disfruta sólo el 40% de los jubilados. La diferencia es abismal y pone de relieve una cierta holgura económica de la que disfrutan, en este terreno, los jubilados españoles respecto de los de otras latitudes, lo que rebaja la presión económica que pudieran padecer los españoles que ya no cuentan con ingresos tras el final de su etapa laboral.

Con todo, la posibilidad de mejorar el ahorro para la jubilación mediante instrumentos de inversión que garanticen ingresos adicionales y complementarios a la pensión pública está por desarrollar en España. Los planes de pensiones privados han crecido en los últimos años pero apenas representan en la actualidad unos 100.000 millones de euros, de los cuales 68.000 pertenecen al ahorro individual y unos 35.000 millones al que gestionan los fondos privados de empleo, los que tienen las empresas y las administraciones para sus trabajadores. Es una cifra bastante modesta en comparación con las necesidades que tienen los jubilados españoles con vistas a la generación de rentas.

Como cifra comparativa se puede recordar que cada mes el sistema de pensiones públicas necesita en España unos 8.000 millones de euros, lo que equivale a unas necesidades anuales en torno a los 100.000 millones de euros. En este apartado de ahorro privado, los españoles estamos bastante por debajo de lo que suele ser habitual en otros países europeos, de más dilatada tradición en este terreno, sobre todo en Gran Bretaña, en donde los planes privados de pensiones tienen una tradición centenaria.

La crisis económica de estos años ha recortado el empleo y, por lo tanto, el número de personas que cotizan a la Seguridad Social. El equilibrio financiero de este organismo está en crisis desde hace unos años, con déficits sucesivos, una situación de la que aún no ha salido. En estos años, el déficit se ha logrado enjugar gracias a los recursos que ha proporcionado el Fondo de Reserva, un ente financiero creado en el año 2000 que llegó a acumular más de 66.800 millones de euros en su mejor momento, pero que ha sido utilizado para cubrir los déficits anuales, con un recorte de su cuantía en los tres últimos años del orden del 38%, ya que se han sacado más de 25.000 millones de euros para poder pagar las pensiones públicas, cifra a la que se deben unir los ingresos financieros que el propio Fondo obtiene por sus inversiones.

La caja del Fondo atesora en estos momentos unos 41.600 millones de euros, equivalentes a unos 47.700 millones de euros a precios de mercado o de liquidación. En teoría, esta reserva seguirá sufragando el déficit de la Seguridad Social en los próximos años, a un ritmo del orden de los 10.000 millones de euros. Por lo tanto, a la vuelta de unos pocos años dejará de haber dinero en el Fondo de Reserva y el pago de las pensiones públicas se enfrentará a su momento más decisivo.

¿De dónde sacar el dinero? Para entonces se supone que el empleo habrá mejorado, que los cotizantes serán más que ahora y que el equilibrio financiero de la Seguridad Social quizás reaparezca. Pero todo ello depende de hipótesis más o menos realistas. Si alguna de ellas no se cumple o no se cumple en la medida necesaria, el pago de las pensiones dependerá de otras variables, como los impuestos generales del país. O, en último término, una rebaja de la cuantía de las pensiones. Este horizonte no parece muy próximo, pero resulta bastante factible a medio y largo plazo. La forma de corregirlo requiere medidas muy anticipadas, en las que habrá que ir pensando desde ahora mismo. Sobre todo los que dentro de diez o veinte años estén en la edad de la jubilación.