Los obstáculos de la economía

Ahora que los parabienes sobre la marcha de la economía proliferan y están en boca de casi todo el mundo, bien es verdad que con diferencias de matices, sería el momento de echar mano del espíritu reformista y poner coto a algunas de las carencias y algunos de los obstáculos que pueden impedir la continuidad del crecimiento económico en los próximos años. Este miércoles, el gobernador del Banco de España y el titular de Economía han coincidido a la hora de ofrecer nuevos pronósticos alcistas sobre la posible evolución del PIB para este año, que ya casi todo el mundo ve por encima, e incluso claramente por encima, del 3%.

Pero una visión tan confortable y complaciente de la actividad económica no excluye la toma en consideración de algunos de los riesgos que afronta el país de cara al futuro si no se acierta a contemplar las cosas bajo un nuevo prisma, bajo nuevos planteamientos fruto de los cambios que han surgido estos últimos años de crisis, durante los cuales han aparecido nuevas tecnologías, nuevos motores de crecimiento, nuevas fórmulas de gestionar los recursos, sobre todo los recursos humanos y los educativos, así como nuevos enfoques en la competitividad global y sobre el lugar que un país como España ocupa en Europa y en el mundo.

Esta misma semana, fruto de esos cambios que se muestran más explícitamente en la economía estadounidense que en la europea, hemos visto cómo una nueva compañía tecnológica, en este caso Facebook, ha pasado a formar parte del exclusivo club de las 10 empresas con más valor en Estados Unidos, desplazando fuera de ese grupo selecto nada menos que a Wal Mart, el gigante de la distribución. En Estados Unidos, las tres empresas más valiosas, atendiendo a su valor bursátil, son, por este orden, Apple, Microsoft y Google. Es decir, cuatro de las compañías más poderosas de Estados Unidos, entre ellas las tres mayores, son exponentes del mundo tecnológico y tienen, por ello, unos pocos años de vida. Estas cuatro compañías han desplazado a posiciones menos relevantes a empresas pertenecientes a sectores como el petrolero, el automovilístico, el farmacéutico o el de bienes de consumo.

Nada parecido ha sucedido en Europa y, desde luego, en España, en donde la lista de los grandes actores del mundo empresarial, salvo la notable novedad de Inditex (que, por otro lado, pertenece a un sector que debe considerarse maduro y tradicional, a pesar de la explosiva aparición en escena de esta compañía, nacida hace unos pocos lustros) es bastante parca en novedades respecto al pasado. Se ha hablado bastante, y con pocas ideas novedosas, de la necesidad de que España cambie su modelo productivo para conectar mejor con el presente y con el futuro, que sería una excelente forma de asegurar el potencial de crecimiento económico. No entra dentro de nuestras posibilidades (probablemente) alcanzar grados de excelencia como muestra el tablón de las empresas más valiosas de Estados Unidos, con sus nuevas estrellas del firmamento tecnológico empresarial. Tampoco en Europa hay muchos motivos para rivalizar en creatividad con la mayor economía del mundo, ya que las muestras de excelencia a este lado del Atlántico son más bien escasas. No estaría de más que echáramos de vez en cuanto un vistazo a las mayores empresas cotizadas en los mercados bursátiles estadounidenses, en donde ya hay empresas chinas de nuevas tecnología mientras la presencia europea en esos mercados se limita a las tradicionales compañías farmacéuticas, suizas o alemanas, pero poco más.

Se necesita posiblemente algo parecido a un cambio cultural en las formas de gestionar las cuestiones económicas y empresariales. El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, dejó deslizar en su intervención en el Congreso de los Diputados este viernes algunos de los que él considera que son obstáculos relevantes al crecimiento y al progreso económico de nuestro país. La enumeración puede resultar interesante: eliminar algunas regulaciones inadecuadas en la actividad económica, promover un tamaño empresarial de mayor fuste (las empresas españolas son demasiado pequeñas para competir fuera), mejorar la movilidad geográfica y sectorial de los trabajadores, corregir los desajustes educativos que impiden una correcta complementación entre oferta y demanda y mejorar la capacidad innovadora. Son posiblemente bases para un cambio profundo de la cultura empresarial y económica del país que no se van a poder aplicar en cuatro días pero sí que deberían ejercer una influencia creciente a la hora de marcar tendencias.