El complejo tablero del petróleo

La reciente reunión de la OPEP ha pasado sin pena ni gloria y hasta diciembre, fecha fijada de antemano para la próxima cumbre de los productores y exportadores de petróleo, quizás no se adopten decisiones corporativas de importancia, lo que no quiere decir que en el horizonte más inmediato no se vayan a producir algunos cambios, ya que hay fechas intermedias ya señaladas que pueden afectar al delicado equilibrio del mercado de este producto energético básico.

En gran medida, las cosas van a depender de la evolución de los precios, ya que la batalla desencadenada hace unos meses por Arabia Saudí para desalojar del mercado a los nuevos productores de crudo de Estados Unidos mediante las nuevas técnicas de fracking trata por todos los medios de mantener el precio del barril en el mercado internacional en el entorno de los 60 dólares por barril. Con este precio, sostenido durante unos cuantos meses, los estrategas saudíes creen que los productores de fracking de Estados Unidos caerán gradualmente como fruta madura a partir sobre todo del mes de julio de este año, una fecha que tienen marcada con trazo grueso para afrontar ulteriores acontecimientos.

La siguiente pauta en el calendario es la eventual entrada de Irán en los mercados mundiales de petróleo, entrada que depende en gran medida de la tolerancia de las potencias occidentales, en especial Estados Unidos, para llegar a un acuerdo sobre el espinoso asunto nuclear, tras el cual las puertas de los mercados mundiales se abrirían con cierta generosidad para los iraníes.

Esta apertura, que se espera para el verano, permitiría mejorar la oferta mundial de petróleo con más de un millón de barriles diarios de crudo, lo que contribuirá a suavizar los precios. Con más crudo en el mercado, las posibilidades de Estados Unidos de autoabastecerse gracias a sus productores de fracking disminuye, motivo por el cual la decisión de levantar los embargos a Irán se adoptará posiblemente de forma muy gradual. A la posible apertura comercial con Irán se puede unir la incorporación de mayor producción d Irak y, en todo caso, siempre estará disponible la cuantiosa capacidad ociosa de los cuatro países áreas de la península arábiga que controlan en conjunto más del 75% de la capacidad ociosa que en la actualidad tiene la OPEP y que mantiene bajo siete llaves para mantener su control del mercado y, en suma, su capacidad para influir en los precios. La OPEP tiene como objetivo esencial mantener su cuota de mercado mundial, que oscila entre los 30 y los 31 millones de barriles diarios.

A los países occidentales, grandes consumidores de crudo, les interesa el petróleo barato, lo que les lleva a apoyar el regreso de Irán a los mercados mundiales porque de este modo empujará los precios a la baja. Pero para Estados Unidos, a quien también le interesa el petróleo barato como consumidor, le resulta también interesante que el precio del crudo mantenga una cierta tensión, la suficiente como para que sus productores nacionales de petróleo no se arruinen y, con ello, el país, que ya es el primer productor mundial de petróleo, pueda seguir autoabasteciéndose, como sucede en los últimos tiempos, con las importaciones saudíes de petróleo sometidas a fuerte presión.

En este complicado tablero de intereses también juegan los países emergentes, sobre todo China e India, cuya demanda ejercerá una gran influencia sobre los precios a los que finalmente se realicen las principales operaciones del tráfico internacional de petróleo. Estos dos países son en principio partidarios del levantamiento de sanciones a Teherán, ya que con ello activarán sus relaciones económicas y comerciales. Para cuando se celebre la próxima reunión cumbre de la OPEP a principios de diciembre de este año es posible que hayan cambiado algunas cosas en el delicado equilibrio mundial de crudo, aunque todo parece indicar que la OPEP conservará una gran capacidad de control de los mercados del petróleo.