La tensión de la prima de riesgo

Una de las formas de medir la confianza de los inversores internacionales en España es tomar en consideración la lectura de la prima de riesgo. Es decir, observar si el diferencial de tipos de interés españoles con los alemanes se mueve al alza o a la baja. La diferencia entre el bono español a 10 años y el alemán es un indicador interesante ya que en teoría el alemán es el mercado más seguro de la zona euro, el que más garantías ofrece de seguridad a los inversores. De ahí que cuando hay movimientos de incertidumbre en el mercado, los inversores más precavidos tienden a refugiarse en los bonos alemanes y venden los de otros países. Este vaivén ha sido muy habitual a lo largo de la reciente crisis económica.

Ahora, el diferencial de tipos entre Alemania y España vuelve a presentar trazos preocupantes y refleja aumentos que le han situado en esta jornada del lunes en los 142 puntos básicos, ya que el bono alemán se cotiza al 0,55% y el español ya ronda el 2,0%, en concreto se cotizaba al 1,97% al cierre de la sesión de este lunes.

Puestos a buscar explicaciones, la crisis griega es la más socorrida y posiblemente la que más está influyendo en el deterioro de las condiciones financieras de los países periféricos, entre ellos España. No obstante, la compleja situación griega y las reiteradas reticencias de este país a aceptar la terapia que le están diagnosticando los expertos de la “troika” (es decir, el FMI, la Comisión Europea y el BCE) pueden derivar en una crisis del euro, de la zona euro, lo que afectaría no sólo a los países periféricos como España o Italia, sino al conjunto de la Eurozona.

De ahí que en la valoración del aumento de la prima de riesgo habría que considerar otros factores más inmediatos, ya que en semanas anteriores, la crisis griega estaba igual de presente que ahora y, a pesar de ello, la prima de riesgo se mantenía mucho más estable y desde luego claramente por debajo de sus actuales niveles. En apenas quince días, la prima de riesgo ha sufrido un sobresalto adicional importante, que refleja los nuevos temores que aquejan a los inversores internacionales en relación con la situación española, en particular con la situación política.

Y todo ello a pesar de que la evolución de la economía no deja de sorprender por su espléndida trayectoria. Es más, algunos servicios de estudios están analizando en estos momentos los últimos datos que se derivan de la evolución de la actividad más reciente y empiezan a barajar la probable revisión al alza, una vez más, de las previsiones de crecimiento económico, que podrían superar con cierta holgura el 3% de aumento del PIB que ya se daba por supuesto en las últimas revisiones alcistas. Parece que en el segundo trimestre se ha acelerado un poco más el ritmo de crecimiento económico y hasta se anticipan mejores cifras aún para el tercer trimestre. El dictamen próximo de la Encuesta de Población Activa (EPA) será muy relevante para constatar cuál es el ritmo más aproximado del pulso económico. Se avecina una campaña turística que puede resultar muy determinante de cara al reforzamiento de la mejora del PIB.

Parece bastante claro que la incertidumbre política y el riesgo de fragmentación del poder político en España están pesando mucho más que las expectativas económicas. De hecho, las agencias de calificación de riesgos llevan algún tiempo sin elevar las valoraciones de la economía española a pesar de la rápida aceleración del crecimiento de la economía, a un ritmo que ningún país de la zona euro está alcanzando. En condiciones más normales, sin la losa de las difíciles condiciones políticas en las que empieza a moverse la vida española, las agencias de rating ya habrían elevado de forma significativa las calificaciones españolas, lo que habría contribuido a mejorar aún más los costes de financiación de la economía, en especial de las entidades financieras y de las empresas. Si no han elevado las calificaciones de la deuda española es porque contemplan riesgos de cierto peso en nuestro futuro económico a corto plazo.