Bruselas lee la cartilla a Rajoy

Todavía no está cerrado el caso griego pero Bruselas no ha tenido reparos este miércoles en enseñar su cara más tolerante con dos de sus socios importantes, Francia e Italia, en especial con el primero, dándole una prórroga de dos años más para que este país cumpla con sus compromisos con la UE en materia de déficit público y de reformas. Con Italia ha sucedido algo parecido. Los dos países se jactan ahora de haber torcido la voluntad de Bruselas en materia de política económica. Se acabó con la política oficial de austeridad. Ahora se impone la flexibilidad, la tolerancia, el aumento del gasto y en suma todas aquellas cosas que hasta esta semana estaban estigmatizadas y con las que se condenó a Grecia, a la que no se le conceden dos años de prórroga sino apenas cuatro meses, y bajo severa vigilancia.

Así son las cosas en Bruselas, es decir, en la UE, aunque entre Grecia y Francia existen bastantes diferencias que sería absurdo ignorar. Lo cierto es que Francia ha conseguido salir indemne de su escasa disciplina comunitaria de estos últimos años. Fruto de su negligente política económica, que ha evitado por todos los medios tensar la cuerda de los conflictos sociales internos, es el estancamiento de la segunda economía de la UE, que resulta indudablemente perjudicial para el conjunto de la zona euro, aunque esté sirviendo involuntariamente para reforzar la posición de Alemania como primera potencia, económica de la zona.

Bruselas ha dictaminado al mismo tiempo que España necesita seguir bajo vigilancia ya que la economía española tiene riesgos importantes de índole macroeconómica. Una mala noticia que no encaja ni de lejos con el discurso triunfal del Gobierno, justo en el momento en el que Mariano Rajoy creía haber salido triunfante del debate sobre el Estado de la Nación, tras haber proclamado una vez más a los cuatro vientos que el crecimiento de la economía del país está a la cabeza de las grandes economías europeas. La excelente trayectoria de la economía doméstica tiene algunos puntos negros que desde Bruselas le han recordado este miércoles al Gobierno de Rajoy. Principalmente, los polos de referencia son el difícilmente digerible nivel de deuda, tanto pública como privada, y el elevadísimo desempleo, que no acaba de ser doblegado de forma convincente.

España ya goza de un cierto margen de tolerancia en lo que atañe al cumplimiento de los objetivos de déficit público, de forma que el déficit público tendrá que estar por debajo del 2% del PIB en el año 2016, cuando el compromiso es bajarlo hasta el 2,8%. Pero en Bruselas no se fían de este escenario, sobre todo porque hay de por medio un año electoral, el actual, al término del cual pueden cambiar las orientaciones básicas de la política económica. De hecho, el año 2014 no ha sido positivo para el cumplimiento de los objetivos de déficit público español y se han sobrepasado con claridad los objetivos comprometidos.

La principal fuente de preocupación para Bruselas es el manejo del elevado déficit público, que puede limitar seriamente las posibilidades de crecimiento futuro de la economía, ya que el elevado peso anual de la deuda detrae unos volúmenes de recursos que no podrán ser destinados a financiar una aceleración del crecimiento. El potencial de crecimiento español está ahora bastante por debajo de su posición previa a la crisis financiera. Bruselas quiere, en suma, más celeridad en el ajuste presupuestario doméstico para que la deuda no nos coma el terreno.