Unión energética, además de bancaria

Este fin de semana, España y Francia han unido sus redes de electricidad con un nuevo enlace. No es gran cosa. Ya existía una conexión de 1.400 megavatios (potencia equivalente a una o dos centrales nucleares convencionales de la última generación) y se acaba de duplicar hasta los 2.800 megavatios. La entrada en funcionamiento está prevista para el mes de julio de este año. Para entonces, el 6% del consumo español de electricidad podrá cubrirse con electricidad procedente de Francia, el país europeo que cuenta con un parque nuclear más extenso, nada menos que 60 centrales, las más nuevas inauguradas en los últimos años. Francia es el segundo productor de electricidad nuclear del mundo, tras EE.UU., y el primer exportador de esta energía. Francia ha estado poco involucrada en la moratoria nuclear que aún siguen practicando otros países europeos, en especial Alemania. Y la misma España.

Francia ha desarrollado un parque nuclear que aporta diez veces más potencia instalada (unos 70.000 megavatios) que el español. Más del 75% de la electricidad que se consume en Francia es de origen nuclear. Además, las exportaciones de electricidad francesa a Alemania son masivas desde hace bastantes años. De hecho, Alemania se ha permitido el lujo de sostener una moratoria nuclear gracias a que Francia cuenta con un excedente de producción eléctrica que le permite exportar hacia sus vecinos, sobre todo Alemania, torrentes de electricidad desde sus grupos nucleares. Francia ha desarrollado un nuevo modelo de reactor nuclear, del que se están instalando en la actualidad dos unidades, una en Finlandia.

Aunque la inauguración de este nuevo enlace entre Francia y España ha pasado algo desapercibida a causa del alcance político del acontecimiento (la conexión se realiza a través de Cataluña y el acto inaugural del enlace centró las miradas en la forma en la que se saludaron gélidamente Rajoy y Mas), la interconexión era un acontecimiento largamente esperado por los expertos del mundo de la energía y también por algunos medios políticos, decepcionados unos y otros por el lento proceso de interconexión energética entre los países que forman parte de la Eurozona y de la Unión Europea.

Un territorio en el que existen demasiadas “islas” energéticas, asunto que en estos últimos meses, con el conflicto de Ucrania al rojo vivo (por Ucrania pasa el cordón umbilical por el que Europa recibe gas natural de Rusia), pone los pelos de punto a bastantes Gobiernos europeos. Baste recordar que hay seis Estados de la UE que sólo reciben gas natural de Rusia, es decir, están literalmente en sus manos energéticamente hablando, dado el elevado peso que representa el gas natural en la cobertura energética de buena parte de los países europeos. Esta situación limita a la postre las relaciones diplomáticas de la UE con Rusia, como se está viendo en los inútiles intentos de aplicar medidas económicas de castigo a Rusia para hacerle desistir de sus planes en Ucrania. El nuevo comisario europeo de la Energía es ahora, desde hace pocos meses, el español Miguel Ángel Arias Cañete. Además, el plan Juncker de inversiones en la UE recientemente aprobado a nivel político abre la vía para que las inversiones en comunicaciones energéticas se conviertan en el aspecto estelar de este masivo plan de inversiones.

La conexión entre los Estados de la UE es, en todo caso, manifiestamente insuficiente. Tanto que se ha hablado de la imprescindible Unión Bancaria, sería necesario ir dándole a la Unión Energética Europea una prioridad de la que hasta ahora ha carecido pero que resulta tanto o más importante que la bancaria y la monetaria. España ha sido considerada una isla en materia de enlaces energéticos, aunque en los últimos meses esta valoración ha cambiado poco a poco habida cuenta de que por la Península pasan o residen algunas de las vías de suministro de gas natural procedentes del Norte de África (Libia y en especial Argelia), tanto en forma de conducto (gasoducto a través del Mediterráneo) como a través de los puertos que reciben gas natural licuado procedente de diversos orígenes, Argelia y Libia entre otros, aunque potencialmente también de cualquier otra parte del mundo.

La diversificada vía de entrada de gas natural a España por estos conductos ha revitalizado el papel estratégico de nuestro país como potencial proveedor de gas natural hacia el resto de Europa y por ello como alternativa a la fuerte dependencia frente al gas ruso. Es por ello que España ha pasado de ser una “isla” energética a uno de los polos de conexión potencialmente más atractivos para Europa. La interconexión eléctrica de España con Francia inaugurada estos días complementa la capacidad de intercambio eléctrico, aunque es probable que otros enlaces (ya hay un previsto a través del País Vasco) vengan a añadir más capacidad de trasvase de electricidad entre ambos países. Con todo, sería una pena que España de un carpetazo al desarrollo de una industria eléctrica nuclear algo más potente de la que tenemos en la actualidad. El hecho de que dispongamos de los kilovatios “nucleares” de Francia en mayor proporción que hasta la fecha no debería anestesiar la capacidad de crecimiento del sector nuclear español, frenado por razones políticas hace ya demasiados años.