Audacia para el debate del martes 24

El martes próximo, 24 de febrero, se va a desarrollar la primera parte del debate sobre el Estado de la Nación, el último de la presente legislatura. Es un debate inédito porque Mariano Rajoy y Pedro Sánchez estrenan enfrentamiento en este formato, dado que el líder socialista no lleva ni un año en el cargo. Resulta difícil imaginar cómo será el debate de dentro de un año en cuanto a líderes, cuando ya se hayan celebrado todas las citas electorales que nos reservan los meses venideros, de las que posiblemente saldrá un escenario parlamentario muy diferente al actual, en el que todavía pervive el bipartidismo, por mucho que las encuestas estén dibujando un reparto de escaños que permite imaginar un Congreso mucho más disperso en poderes que el actual, posiblemente el más fragmentado de cuantos va a vivir la democracia española.

Para Rajoy este es el momento posiblemente más crítico de su legislatura. El PP tiene que echar sobre la mesa todas las cartas que pueda imaginar para tratar de recuperar una cierta parte de los votos perdidos en estos tres años y medio de estancia en el poder, en el que ha cabalgado sobre la mayoría absoluta. No habrá tal en la próxima legislatura, según todas las expectativas, de forma que se abre un escenario más multipartidista, en el que las coaliciones serán imprescindibles para poder formar un Gobierno estable.

Es una expectativa que está empezando a asustar a algunos analistas económicos y al mundo de la economía y de la empresa en general, ya que España necesita por encima de todo consolidar la recuperación económica que ya se ha convertido en uno de los activos más apreciables y visibles del país. España se ha situado a la cabeza del crecimiento en la zona euro, lo que no admite muchas dudas. Como bien se encargan de matizar algunos analistas e incluso algunos políticos, España no ha salido todavía de la crisis sino de la depresión y el estancamiento. Para salir de la crisis hay que recuperar lo que hemos perdido en los cinco años atrás. Y aunque no es fácil encontrar una dosis adecuada, quizás reconocer que hemos recuperado a las alturas del presente año algo menos de la mitad de lo perdido en los años duros sea una confesión aceptable.

Queda, por lo tanto, la otra mitad, tanto en renta nacional como en renta por habitante y en niveles de empleo. Mucho trecho todavía, en suma. Recuperarlo en los meses que quedan hasta la cita de las legislativas no será `posible, de forma que cualquier programa de Gobierno que se intente tendrá que estar supeditado a su capacidad para ejercer un impacto positivo lo más inmediato posible. La pista de rodadura para el Gobierno está a punto de agotarse. No queda ni una cuarta parte de recorrido. Al partido gobernante se le ha ido de las manos el control de los tiempos económicos y ahora se enfrenta a un calendario político que le genera apreturas.

Es por eso por lo que Rajoy se enfrenta a una tarea de administración de dosis más severas para el tratamiento de los males económicos. Los años electorales suelen ser poco adecuados para tomar medidas económicas audaces, mucho menos para desarrollar políticas de rigor, cuando lo que se estila es justamente lo contrario, dar gas a la máquina del gasto público para que los votantes vayan a las urnas con buenas sensaciones en el cuerpo. Lo que pide la economía y sobre todo la sociedad española es un impulso a las políticas sociales ya que la reducción del paro es nuestro mayor problema económico, político y electoral. El martes próximo deberíamos escuchar algo parecido a un plan serio y audaz de inversiones, algunas públicas, otras capaces de generar, sobre todo, la reacción de la inversión privada, que tendría que tomar la delantera y asumir el mayor peso de esa tarea que tiene como finalidad recortar de forma urgente y drástica las tasas de desempleo.