Grecia, espejo y contagio

La Unión Europea vuelve a estar en apuros. Grecia se encamina a unas elecciones generales de resultado incierto que se traducirán en un nuevo Parlamento a finales de enero, a partir de los resultados de unos comicios que acaban de fijar su fecha el día 25 del primer mes del año próximo. Grecia apenas representa el 2,5% del PIB de la Eurozona y es, en tamaño, una economía algo mayor que Cataluña o que Madrid, cada una por separado, las dos principales autonomías españolas en nivel de riqueza. Es decir, su tamaño viene a representar una cuarta parte del PIB español. Su economía se apoya básicamente en el sector servicios, que aporta alrededor del 65% del PIB.

Tan escasos mimbres van a poner nuevamente a la Unión Europea y a la zona euro en una complicada situación, tanto política como económica. Un primer anticipo, que ya se veía venir por la frágil situación política griega, se ha visto este lunes, con impacto negativo en los mercados, sobre todo en las Bolsas, aunque tras una primera reacción bastante negativa, las aguas han vuelto casi a su cauce inicial. Los mercados no esperan nada bueno del desequilibrio político en Grecia, ya que los favoritos en las próximas elecciones, el grupo radical de izquierdas Syriza, han lanzado propuestas económicas que indudablemente asustan. Hablan de acabar con las políticas de ajuste presupuestario y de someter a una exigente “auditoría” a la deuda externa de Grecia, que representa el 200% del PIB.

¿Es posible un contagio desde Grecia a escala europea y en particular hacia un país como España, en donde el movimiento radical Podemos presenta numerosas similitudes ideológicas y de historial político y cuenta también con posibilidades de obtener una importante cuota electoral en la representación parlamentaria? De momento, existe una diferencia de tiempos que puede tener su trascendencia, ya que un hipotético Gobierno griego dominado por Syriza hará su aparición en escena durante el mes de febrero o como mucho marzo del año próximo, mientras el resultado de las próximas legislativas españolas se conocerá, en principio, a lo largo de noviembre próximo, es decir, diez meses más tarde. Para entonces ya sabremos bastante de lo que ha podido cristalizar en Grecia con las polémicas propuestas de Syriza. Hay bastantes posibilidades de que la distancia entre sus propuestas populistas, posiblemente irrealizables algunas de ellas, y lo que un hipotético Gobierno radical griego pueda poner en práctica, conduzca finalmente a un punto de encuentro menos dramático de lo que se pueda imaginar en la más extrema de las conjeturas.

Esto sin contar con el hecho de que los líderes de este partido político han tenido ya bastantes ocasiones de reunirse en los últimos meses con los principales dirigentes europeos en Bruselas y en Frankfurt, conversaciones en las cuales parecen haber existido numerosos puntos de encuentro. Como es factible suponer que los dirigentes de esta nueva corriente política no son suicidas insensatos sino políticos con ganas de cambiar las cosas dentro de lo posible, es bastante probable que el drama no pase a mayores y que en Bruselas habrá que buscarle una salida airosa a un país cuya economía está, con Syriza o sin ella, bastante lejos de la viabilidad.

Grecia es sencillamente inviable con sus parámetros económicos actuales. La deuda externa que acumula es impagable y tarde o temprano habrá de ser sometida a una operación de limpieza para evitar que se lleve por delante a alguna entidad financiera solvente, naturalmente de alguno de los países grandes de la zona. Quizás alemanes. Los Gobiernos europeos no van a echarse atrás a la hora de resolver un problema que apenas representa el 2,5% del tamaño de la Unión pero que puede incomodar la frágil recuperación económica de la zona. Grecia no vale una guerra. Ni siquiera una crisis. Eso no quiere decir que no pueda convertirse en un ensayo para asuntos de mayor envergadura. España estará en la retina de muchos, sobre todo de muchos españoles, cuando se pueda hacer un primer balance de lo que haya sucedido o pueda suceder en Grecia de aquí a finales del año 2015.