Podemos adapta la imagen y el mensaje

Necesitaban los dirigentes de Podemos ofrecer una imagen más moderada y pragmática (palabra empleada por ellos mismos en su reciente documento “Un proyecto económico para la gente”, 70 páginas de extensión) y a ello se dedicaron en la presentación pública de su ideas económicas el pasado jueves. Moderación que incluso han tenido la osadía de calificar como “socialdemócrata”. Los jóvenes dirigentes de Podemos acudieron a la cita arropados por dos economistas de edad madura e impecable presencia, en un claro intento de arroparse para ofrecer una imagen cautivadora frente a segmentos de la población que aún no integran su caladero de fieles seguidores y presuntos votantes. Se suponía, hasta ahora, que el electorado potencial de Podemos estaba integrado por jóvenes y personas desarraigadas y pertenecientes a grupos sociales con motivos más que suficientes para apoyar a un grupo que representa el germen de un partido político radical de izquierdas.

La presentación pública de su ideario y propuestas económicas ha tratado de ofrecer una imagen sensata, bastante ortodoxa y que cuenta con el apoyo de personas de alta preparación intelectual, añadiendo solera y veteranía a lo que hasta ahora era, por el contrario, predominante en sus comparecencias públicas, todo juventud e informalidad en los gestos y las formas. Ante todo había que erradicar los temores, ofrecer respetabilidad y solvencia. Lejos de los arrebatos juveniles y de las propuestas quiméricas e incendiarias y retóricas.

Se trataba, en suma, de la presentación en sociedad de un nuevo Podemos, de más amplio espectro, con ganas de comer nuevos espacios políticos y sociológicos, no quedarse sólo con el pastel de los jóvenes votantes de los partidos a la izquierda de los socialistas. Se trataba de pegarle un mordisco al centro sociológico, al caldero de votantes de la amplia clase media que sigue teniendo España, soporte fundamental de los años de democracia que arrancaron en las elecciones de junio de 1977 y que luego han ido cristalizando en un turnismo de opciones políticas que cimentaron el bipartidismo. El intento es ambicioso, ya que tratar de convertirse en la práctica en partido bisagra pero sin perder a los sectores fundacionales, ubicados a la izquierda de lo que se suele conocer como clase media en su más amplia acepción.

Es pronto para saber si este giro estético hacia la respetabilidad, que ha implicado la renuncia a algunos postulados entre extravagantes e incendiarios con los que algunos de sus portavoces se habían lanzado profusamente a la palestra en los inicios del movimiento, habrá gozado de predicamento y adhesión. Y sobre todo si habrán logrado sumar sin restar del caladero fundacional.

Lo que en todo caso ha habido ha sido una poda espectacular en el ideario económico primigenio, lógica consecuencia de su súbito aterrizaje en el mundo de la realidad. Eso sí, seguimos sin saber cómo se van a financiar las propuestas teóricamente avanzadas que han sobrevivido a la poda del realismo que los dirigentes de Podemos han practicado a sus programas. Porque su propuesta de elevar las cotizaciones sociales para financiar la bajada en la edad de jubilación, el aumento de las pensiones y las prestaciones sociales en general no encaja nada bien con una política agresiva de fomento del empleo. Más bien al contrario, semejante aumento de la presión fiscal efectiva sobre las cuentas de las empresas dispararía las cifras de paro en el país, además de chocar con todas las recomendaciones que en los últimos años nos han reiterado los organismos internacionales, con la Comisión Europea a la cabeza.

Hay, en la nueva versión reconvertida de su nuevo ideario, una extraña mezcla entre objetivos propios de las socialdemocracias nórdicas europeas (patrocinadores, no lo olvidemos, de las políticas de austeridad que tanto criticamos en España) y metodologías propias de los partidos de izquierdas de los años 70, con algunas pinceladas pintorescas del espíritu bolivariano (“¡Exprópiese!”, como decía el teniente coronel venezolano, con su peculiar sistema de gobernar, cuando alguna cosa no le gustaba en alguna de sus innumerables visitas a la realidad), que no acaban de desprenderse de la mentalidad rígidamente intervencionista de los jóvenes dirigentes de Podemos. Mal encaje tienen estas contrapuestas posiciones. En todo caso, Podemos ha hecho un esfuerzo, desde luego meritorio, no sabemos hasta qué punto cínico, de aproximarse con cierto espíritu crítico y realista al terreno que todos pisamos.