La decisión más difícil de la OPEP

Durante los tres últimos años, las reuniones periódicas de la OPEP, la organización que agrupa a los 12 exportadores de petróleo árabes y latinoamericanos, han estado rodeadas de una cierta placidez. La reunión que va a desarrollarse en Viena el próximo jueves va a ser, sin embargo, una de las más tormentosas de los últimos años. De hecho, algunos de los asistentes a la misma han empezado a llegar a Viena el domingo para realizar una intensa labor preparatoria. Es en todo caso la primera vez en varios años en que va a ponerse sobre la mesa un eventual acuerdo de recorte de la producción petrolera de la organización, que fijó su techo en 30 millones de barriles diarios hace unos años.

El problema actual es la excesiva presión a la baja sobre los precios. Las insinuaciones que han lanzado algunos expertos del mercado apuntan con el dedo hacia Arabia Saudí, que estaría forzando una bajada de los precios de venta en Estados Unidos para hacer fracasar las cuantiosas inversiones que lleva a cabo la industria estadounidense en la búsqueda de nuevos yacimientos de petróleo no convencional. Las últimas estimaciones cifran en 12 millones de barriles diarios la producción que habría alcanzado ya este país gracias a los avances en la tecnología de explotación y puesta en producción de los nuevos yacimientos.

Esta producción, que ya rivaliza con el flujo de producción de Arabia Saudí (primer exportador de crudo del mundo, con un tercio de la oferta de la OPEP, lo que representa unos 10 millones de barriles diarios) es la que estaría restando fuerza a la demanda mundial de crudo, en conjunción con la debilidad de la economía china y de algunos mercados emergentes. Resultado de todo ello es la caída de los precios del petróleo, que en apenas cinco meses han retrocedido más de un 30%, cayendo hace unos días por debajo de la barrera de los 80 dólares el barril.

Habrá que ver si con estos precios, los esfuerzos que realizan algunos países en busca de petróleo no convencional (EE.UU. es el más activo, pero no el único) siguen adelante o algunos potenciales productores tiran la toalla, al no poder rentabilizar unas inversiones que eran altamente rentables con el crudo a 100 dólares por barril o más, pero que a precios de 80 dólares el barril pueden convertirse en inversiones ruinosas.

En todo caso, muchas voces en el mercado petrolero son ahora de la opinión de que los precios no van a regresar a la zona de los 100 dólares por barril por mucho que se empeñen los socios de la OPEP. Un recorte de la producción sería muy negativo para algunos productores, pero la situación financiera de países como Venezuela, cuya fuente de riqueza casi única es el petróleo, urge porque hay que buscar fórmulas urgentes para frenar primero y elevar después el precio del petróleo y alimentar de este modo sus finanzas públicas y su única fuente de ingresos. Rusia, que no es país miembro de la OPEP pero que sintoniza bastante con sus estrategias comerciales, estará también muy pendiente de las resoluciones de esta reunión ministerial de los exportadores de petróleo, ya que las finanzas del país se encuentran seriamente comprometidas.

La sensación dominante es la de que Arabia no va a mover ficha en favor de una rebaja productiva que permita un fortalecimiento de los precios. Las resoluciones de la OPEP no han sido de todos modos objeto de un seguimiento puntual por parte de sus socios, que en ocasiones se han saltado las cuotas en defensa de intereses propios al margen de los dictados de la organización. Nadie quiere renunciar a su cuota de mercado en el mercado mundial de crudo. De ahí que la adopción de una rebaja en el precio se presente como bastante complicada. Es posiblemente la más difícil decisión a la que se habrá enfrentado la OPEP en muchos años, con el trasfondo de un aumento significativo de la oferta de crudo gracias a las nuevas tecnologías, que inevitablemente van a recortar el poder de la OPEP.