Bancos sanos, economía débil

No hubo sorpresas. Los bancos españoles, los 15 bancos que han sido auscultados por las autoridades bancarias europeas para comprobar su estado de salud, incluso su estado ante condiciones económicas adversas, han dado notas muy favorables, algunos incluso (tres en concreto) con sobresaliente. La pregunta que se puede hacer a continuación tiene que ver con lo que la economía española puede esperar de este buen resultado. Si tenemos un sector bancario que roza casi la virtud, ¿cuándo y en qué medida podrá contribuir a sacar a la economía del bache?

La virtuosa condición de la banca española no le ha salido del todo gratis a la sociedad española, que ha tenido que poner bastante dinero (más de 24.000 millones de euros) para conseguir que Bankia esté ahora entre los tres bancos más saneados de España y uno de los mejores de Europa entre los 150 bancos de la Eurozona que han sido sometidos a análisis. También han costado dinero, y bastante, los saneamientos de otras entidades, como la CAM, la suma de las cajas gallegas (hoy convertidas en banco bajo la denominación de Abanca, en manos venezolanas), la CatalunyaCaixa, la CCM y algunas otras, que se han fusionado mediante costosos procesos de integración con saneamiento previo y aportaciones diversas de fondos públicos.

Una sola de las entidades financieras sometidas a análisis, Liberbank, resultado de la suma de varias cajas, ha presentado malas cifras en el test europeo que se dio a conocer este domingo, si bien, como los resultados sobre los que se han realizado los informes eran los de cierre del ejercicio 2013, a estas alturas ya ha corregido sus deficiencias de capital y se puede decir que ha entrado en el grupo de los aprobados en la repesca.

Ahora, con unos bancos tan en plena forma, la economía española ya cuenta con un afinado sistema de financiación y la cuestión es convertir esta certeza en un impulso al crecimiento económico, sobre todo a la inversión. El grado de sanidad del sistema bancario depende, no obstante, de la salud de las empresas y de las economías familiares. Y en este terreno la situación es menos optimista, ya que el nivel de morosidad del sector bancario es muy elevado, está en máximos históricos, por encima del 13% de los activos (créditos) y con posibilidad de que empeore algo más de aquí a finales de año si antes no se corrige el nivel de desempleo y la baja actividad económica. La salud de la banca es, en suma, alta, pero es susceptible de empeorar si la economía no sale del atasco en el que se encuentra.

La economía española, al igual que todas las occidentales, está disfrutando de una etapa de tipos de interés mínimos históricos. Nunca la financiación había estado tan barata como en la actualidad, nada que ver con el coste del dinero antes del inicio de la crisis. Incluso si tomamos los tipos de interés en términos reales, es decir, tras contabilizar el impacto de los precios. La liquidez es alta y no hay problemas de disponibilidad de recursos, sobre todo porque el Banco Central Europeo (BCE) está inyectando dinero y ha planeado hacerlo de forma más intensa aún en los próximos meses.

Con un sistema financiero saneado y líquido, aunque todavía con una alta tasa de créditos enfermos, superior al 13% de la cartera crediticia total, y una economía débil, las bases para recuperar el crecimiento residen en el crecimiento del consumo y de la exportación, que son al final las bases sobre las que se articularán las inversiones empresariales. Dinero para financiarlas, en cantidad y precio, hay bastante.