El turismo, lejos de sus límites

El turismo no deja de dar buenas noticias. No es para menos, ya que este año quizás se vuelva a superar el récord histórico anterior, el de 2013, cuando llegaron 60,6 millones de extranjeros. Las recientes cifras del verano que acaba de finalizar muestran el prometedor rumbo del negocio, ya que en los tres meses más activos del sector llegaron 24,4 millones de extranjeros, casi dos millones más que en el año anterior, el del récord histórico. No es, por lo tanto, de extrañar que a la vuelta de unas semanas estemos hablando del año 2014 como un nuevo hito histórico en el sector.

Las excelentes cifras podrían hacernos olvidar sin embargo que el repunte de esta actividad se puede ver sometido a algunas inclemencias. La primera reflexión que debería estimular un cierto realismo es el hecho de que el entorno geográfico que nos rodea está sometido a algunas turbulencias, que explican en buena parte las altas cifras de las que se está beneficiando España. La inestabilidad política en algunos países que estaban restando potencial al turismo español en los últimos años (España llegó a perder unos 5 millones de turistas en los peores momentos de la crisis, a partir del año 2007), se ha esfumado y los destinos españoles vuelven a estar en la agenda de millones de extranjeros, sobre todo europeos. La recuperación de ese bloque de turistas que nos abandonó momentáneamente en los años más duros de la crisis es un riesgo que puede volver a convertirse en amenaza para el potencial del sector.

Una segunda consideración que tendrá que hacerse el sector, aunque los esfuerzos en esa dirección ya están iniciados, es la de darle algo más de ocupación al impresionante parque hotelero y de espacios de ocio de que dispone España. Buena parte del año, esa oferta está cerrada, sin ocupación alguna. La estacionalidad del turismo españolo es excesiva. De los visitantes extranjeros llegados a España en los nueve primeros meses del año, la mitad ha entrado en nuestro país durante los tres meses del verano. Es lógico que la gente que nos visita intente aprovechar al máximo los días más generosos del año en calor y clima agradable. Pero en España hay territorios que no son tan dependientes de la estacionalidad (Canarias es un caso claro, aunque no el único) y que ofrecen atractivos bastante similares a lo largo de muchos más meses del año que los tres meses centrales del verano.

En los últimos tiempos se están desarrollando esfuerzos por abrir el sector a nuevas iniciativas que permitan darle una utilización más intensiva al enorme parque turístico español, una parte sustancial del cual tiene el cartel de “cerrado por temporada baja” durante mucho tiempo. El desarrollo de la demografía europea, con un volumen cada vez más acusado de integrantes de la tercera edad, podría ser la ocasión para apelar a un buen mercado con altísimo potencial de crecimiento. Algunas empresas están empezando a desarrollar sus iniciativas comerciales para la captación de este tipo de clientela.

Lo importante es no dormirse en los laureles. La elevada capacidad del sector turístico español está siendo utilizada todavía de forma muy parcial y tiene un potencial de desarrollo que habría que fomentar y estimular, tanto si la situación política de algunos de los mercados competidores del Mediterráneo (Egipto es quizás el más serio competidor, por su importante infraestructura y sus atractivos climáticos y culturales, junto con Turquía) mejora como si no.