Los mercados ponen a cada uno en su sitio

La espectacular subida de la prima de riesgo (diferencial de tipos entre Alemania y España) en apenas una semana, casi medio punto porcentual entre mínimos y máximos, nos ha recordado la fragilidad en la que puede llegar a moverse la financiación de la economía española. Sobre todo de cara a los flujos exteriores de capital. Este mismo jueves, el Tesoro ha tenido algunas dificultades para colocar Deuda Pública a 10 años de plazo, lo que ha subsanado subiendo de forma sustancial el tipo de la subasta de adjudicación en unos 20 puntos básicos y reduciendo en alguna medida el volumen de la emisión, lo que constituye el primer tropiezo serio del Tesoro a lo largo de los dos últimos años.

Esta ruptura del idilio que España mantenía con los mercados ha servido además para romper la complacencia del discurso oficial que en lo económico estaba solazándose en demasía en mostrar las virtudes de nuestro rumbo económico, el PIB que más crece de la Eurozona, incluso – se dice con orgullo, no exento de cierta ingenuidad – más que Alemania, como si todo esto fuera un argumento definitivo de la bondad de nuestra situación. Los mercados, que al parecer son bastante más realistas que nuestros políticos, nos han recordado en estos dos últimos días, con su frío y crudo mensaje, que no basta con crecer (al fin y al cabo, el 1,3% de aumento del PIB para este año no es gran cosa) sino que importa la calidad y además la capacidad para resolver algunos de los problemas pendientes, como la impresionante tasa de paro.

Por el momento, las dificultades derivadas de estas dos circunstancias (menos demanda de Deuda española por parte de inversores, sobre todo extranjeros, y encarecimiento de la financiación) son de escasa cuantía, ya que se podría argumentar que hace apenas tres o cuatro meses los tipos de emisión de la Deuda Pública que debía afrontar el Tesoro español eran similares o incluso superiores. Incluso si la situación no se deteriora en exceso de aquí a unas semanas, los mercados han puesto a cada uno en su sitio.

Pero la tendencia de los tipos de interés a la baja se ha detenido y, lo que quizás sea más revelador y negativo, es el hecho de que Alemania ha dado estos días un acelerón en sus bajadas de tipos. La razón estriba en que los inversores internacionales acuden, en momentos de incertidumbre, a los activos más sólidos y que generan mayor grado de confianza entre los inversores. Alemania está pagando al 0,77% la deuda que España tiene que pagar al 2,25%, una diferencia que por sí sola muestra lo mucho que queda por recorrer en la Unión Monetaria para formar un bloque sólido y con sus miembros caminando al unísono. A la hora de la verdad, los inversores de todas las latitudes apuestan por prestarle el dinero a Alemania mientras ponen sus reparos a comprar deuda de países periféricos. Las inversiones más conservadoras imponen en estas circunstancias su ley.

La evolución de estos días y el súbito empeoramiento de las condiciones financieras, sobre todo de cara al exterior, son un buen aviso de lo mucho que va a tener que luchar la economía española para afrontar el crudo problema del endeudamiento público, es decir, afrontar la devolución de ese billón de euros que representa el 100% del PIB español, cuya amortización exigirá un panorama financiero estable y tipos de interés moderados, ya que en caso contrario unas circunstancias adversas meterían a la economía española en una espiral de costes que resultarían insoportables. Una vez más, la urgencia de recuperar cierto equilibrio en las cuentas públicas se presenta como asunto de crucial importancia.