La economía y el adelanto electoral

La puesta en marcha del Presupuesto para el ejercicio de 2015, punto final de esta legislatura que agota sus últimos meses (en noviembre de 2014 empieza la cuenta atrás del último año, aunque no se descarta una anticipación) tiene el doble interés de calibrar hasta qué punto puede contribuir a la consolidación del ligero repunte económico que vivimos y en qué medida pone el acento en algunas prioridades políticas para tratar de arañar el mayor número posible de votos.

Los datos, sobre todo los europeos, que tienen una elevada dosis de influencia en nuestra situación y sobre todo en el ritmo de la recuperación económica española, están siendo poco gratificantes. No hay forma de encontrar expectativas que justifiquen un optimismo económico contundente para la fecha en la que más o menos se podrían celebrar las próximas generales, invierno de 2014. Esperar hasta el final puede erosionar un poco más aún la credibilidad de este Gobierno en la medida en que la economía no va a ser el argumento definitivo con el que los votantes van a pronunciarse de nuevo por una nueva legislatura popular. No, al menos, en la misma proporción que hace casi tres años. Conviene tener presente, además, que la hipótesis de una tercera recesión en Europa se está contemplando con bastantes más posibilidades que hace dos meses, lo que tendría consecuencias aún peores para las expectativas de crecimiento de la economía española.

En los últimos días ha ganado peso la virtud de un adelanto electoral ya que la aceleración de la economía es tan insignificante que de aquí a un año no vamos a estar en condiciones mucho mejores, que permitan tirar cohetes y reforzar la credibilidad económica del Gobierno. En realidad, todo parece indicar que en el Gobierno no hay actualmente muchas ganas de hacer cosas nuevas y que los experimentos (es decir, las reformas que nos siguen pidiendo algunos organismos internacionales, empezando por Bruselas) deben postergarse para la siguiente legislatura, si es que Rajoy logra no sólo vencer en las próximas elecciones sino gobernar aunque no obtenga mayoría absoluta. Una mayoría que parece bastante impensable y fuera de todos los cálculos razonables.

El adelanto electoral ya lo practicó Zapatero en las elecciones de noviembre del año 2011, que podrían haberse celebrado en abril de 2012. El entorno de Rajoy le ha dedicado a los cálculos sobre el impacto de un adelanto electoral bastantes horas de reflexión, según se dice. La balanza de pros y contras está muy enmarañada.

Además, el año 2015 es una especie de campo de minas en el que hay varias elecciones parciales previstas (municipales, autonómicas), de forma que los españoles tendremos varias ocasiones para expresar nuestros puntos de vista y nuestras preferencias partidarias, a lo que se unen otras circunstancias que necesitan una cierta perspectiva para ver en qué se traducen, caso de Podemos y su cristalización o no en fuerza política con posibilidades, caso del novedoso liderazgo de Pedro Sánchez al frente de las huestes socialistas, caso de la nueva situación que se plantea en Cataluña tras el desafío independentista.

Hay, en suma, bastantes argumentos que favorecen la hipótesis de unas elecciones anticipadas, con las que el actual partido gobernante podría revitalizar su capacidad de afrontar los diversos retos a los que se enfrenta, tanto el PP como el país en general, aunque la duda es la del aliado imprescindible para renovar el mandato por una legislatura adicional, ya que la mayoría absoluta está bastante fuera del alcance teórico de los actuales gobernantes.