El equilibrio del Presupuesto 2015

Las cuentas públicas del año 2015 inician este viernes su andadura con importantes evocaciones. Son en la práctica los últimos Presupuestos del Estado que presentará Rajoy. Los siguientes, en otoño del año próximo, ya serán para el año 2016, cuando la composición del Congreso será previsiblemente muy distinta, con o sin el actual partido gobernante, sólo o en coalición con otras fuerzas que le garanticen la continuidad.

Estos Presupuestos para el año 2015 son por lo tanto una pieza de difícil elaboración porque de ellos tratará el actual Gobierno de obtener el mayor rendimiento con vistas a que tengan una influencia lo más positiva posible en la economía, con objeto de que los votantes acudan a las urnas con algo más de confianza en la situación del país, sobre todo en el clima económico y social. El Gobierno tratará, en suma, de realizar encajes que le sean lo más provechosos posibles y le proporcionen la mayor renta política para desactivar los muchos percances que este Ejecutivo ha ido prodigando a lo largo de la legislatura, algunos tan recientes como la abortada legislación sobre el embarazo.

Ya sabemos que la economía no va a estar lanzada hacia la expansión ya que en el mejor de los pronósticos se habla de un 2,0% de aumento del PIB, que es poca cosa para un país que aspira a erradicar las altas tasas de paso del entorno del 26%, mucho más altas en el caso de la población juvenil. El Gobierno tratará, por lo tanto, de extremar las medidas para que los votantes vayan a las urnas con el mejor estado de ánimo posible.

De entrada, hay una rebaja fiscal, surgida de la nueva ley que ha sacado el Gobierno hace pocos meses, y cuyo impacto en los bolsillos de los ciudadanos debería notarse en las nóminas del mes de enero. Las rebajas fiscales en la Renta tardarán algo más en dejarse ver, quizás hasta la primavera del año 2016. En principio, el impacto de la reforma fiscal no va a ser muy contundente, ya que la elevada tasa de paro tiene un peso muy superior en las economías familiares que el recorte de los tipos impositivos, que apenas alcanzará a devolver los aumentos de impuestos de los dos primeros años del mandato de Rajoy.

La merma de ingresos fiscales tiene, sin embargo, un punto negro en relación con el gasto público. Los años electorales, como el de 2015, suelen ser años de gasto público expansivo. Esta vez, tal eventualidad aparece condicionada severamente por la menor disponibilidad de recursos fiscales a causa de la reforma impositiva y del estrechamiento del margen que proporciona el déficit presupuestario. Este año 2014, España deberá cerrar el Presupuesto público con un déficit equivalente al 5,5% del PIB. Para el año próximo, el objetivo de déficit es menor, del 4,2% del PIB, lo que significa que habrá que seguir haciendo ahorros en el gasto público. La disponibilidad de dinero para hacer inversiones públicas no será, por este motivo, tan generosa.

A última hora ha aparecido un elemento que puede servir de alguna ayuda a los propósitos del Gobierno metido en campaña electoral, ya que Eurostat, la agencia estadística europea, ha obligado a reformular las cuentas, de forma que se incluyan como parte del PIB algunas partidas que hasta ahora no entraban en los cálculos del PIB, como la valoración económica del narcotráfico o la prostitución, entre otros asuntos menores. Este aumento del valor de la producción nacional (del PIB) ha servido de alivio parcial al Gobierno, ya que el margen que proporciona una mayor base de cálculo del déficit permitirá, respetando los objetivos iniciales, aumentar el gasto en torno a unos 2.000 millones de euros.

Un dinero que le vendrá como agua llovida del cielo al autor de los Presupuestos para llevar con mejor holgura las cuentas de gasto, que previsiblemente se asignará a partidas que tengan un buen efecto multiplicador y que sean políticamente visibles.