La economía se queda corta

Para este viernes, el Gobierno tenía preparada una pequeña fiesta con la que poner sordina a sus numerosas calamidades y al viento de cara que sopla con algo más de fuerza desde hace una semana. La pretensión apuntaba al anuncio, ya anticipado por algunos portavoces oficiales, de una revisión al alza de las previsiones de crecimiento económico. Se trataba de subir el 1,2% de aumento previsto hasta niveles del 1,5%, pero la realidad no da para tanto. Por ese motivo, la previsión tendrá que quedarse posiblemente entre el 1,3% o como mucho el 1,4%.

No es un drama, al fin y al cabo una o dos décimas no son gran cosa. Pero le quitan el encanto de la presentación alcista. Para el año 2015 ya se apuntaba hace unos meses hacia el 2% pero tampoco parece que esa previsión puede tener visos de cumplirse, aunque las previsiones, cuanto más alejadas en el tiempo, aguantan mejor las fantasías. Si Rajoy contaba, en suma, con la economía para cicatrizar sus heridas y presentarse ante el electorado con un mensaje más adornado, se habrá encontrado con una considerable decepción. Un inconveniente que además tiene daños colaterales, ya que limita los márgenes de maniobra en otras vertientes de la vida económica, sobre todo de la inversión pública. Es posible, sin embargo, que esta experimente su primera subida en los últimos años, aunque necesariamente modesta.

Las motivaciones de este recorte de previsiones son bastante fáciles de imaginar. La economía de la Eurozona no marcha como debiera, es decir, está frenada. El mismísimo Mario Draghi, jefe del BCE, lo ha reconocido hace unos días. Lo ha dicho con algo más de amargura de la que era presumible, ya que sus prometidas medidas de apoyo a la economía se han quedado en nada, han sido un fracaso notorio, hasta el punto de que la subasta extra de dinero que se celebró hace semana y media logró colocaciones de dinero inferiores a la subasta ordinaria de esta misma semana.

Ha sido, visto desde cierto ángulo, una especie de humillación, que el BCE convoque una subasta especial para regalar el dinero a tipos irrisorios y no acuda casi nadie y, por el contrario, la subasta normal, a los pocos días, se haya desenvuelto con el volumen acostumbrado. Los 400.000 millones de euros que tenía preparados Draghi para hacer buena su promesa de inyección de dinero no llegaron ni a los 85.000 millones de demanda.

Está claro que si no hay demanda por parte de los bancos es porque no hay demanda de crédito solvente por parte de los agentes económicos, ya que los diferenciales de tipos de interés que podrían aplicar los bancos a las operaciones derivadas de estos créditos condicionados eran y son altamente apetitosos. Pero si nadie quiere dinero y no hay actividad suficiente como para que la inversión apoye la reactivación de la economía, por mucho crédito disponible que haya no hay forma de que la financiación fluya.

La presentación del nuevo cuadro macroeconómico que el Gobierno debe realizar este viernes (con ocasión de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2015, el último Presupuesto que va a presentar Mariano Rajoy en esta legislatura) será por ello menos airosa, no habrá tanto margen para aderezar la recta final del mandato de este Gobierno, que hubiera requerido algo más de holgura para generar un cierto clima de optimismo de cara a la recta de final de año, en la que, si no hay anticipos electorales, el país será llamado de nuevo a las urnas.