La economía da buenas señales

No es fácil adivinar señales de debilidad en la evolución reciente del PIB español que acaba de ofrecer el Instituto Nacional de Estadística (INE). Todas las cifras crecen y lo hacen de forma más acusada que en el trimestre precedente, de forma que la economía española ha completado ya su segundo trimestre consecutivo de aumento del PIB anual y el cuarto crecimiento trimestral consecutivo. El 1,2% de aumento interanual no se conocía en la economía española desde hace bastantes años, desde el inicio de la crisis, allá por el año 2008. La economía, por lo tanto, va bastante mejor y con un crecimiento que se va acelerando poco a poco.

Que sea un crecimiento suficiente, está claro que no, si lo miramos desde el lado del empleo. Un país con una tasa de paro superior al 25% de la población activa necesitaría un mayor vigor en el ritmo de la actividad económica y hasta que no logre este ritmo de aumento del PIB no podrá darse por satisfecho. Por fortuna, las tasas de crecimiento del empleo se han vuelto positivas (tomando como referencia el empleo a tiempo completo) por primera vez desde hace varios años, lo que puede ser interpretado como una señal de que España puede crear empleo con ritmos de aumento del PIB sensiblemente inferiores a los del pasado, que normalmente exigían tasas de aumento del PIB del 3% o superiores. Sin embargo, por encima del 1% anual, la economía española ha creado empleo neto en los últimos meses, lo que constituye una buena señal, quizás porque las reformas realizadas en la regulación del marco laboral han ido en la buena dirección.

Sostener de cara al futuro esta creciente actividad económica depende de varios factores, uno de ellos el entorno exterior. Ya estamos viendo que los principales socios de la Eurozona se encuentran en una fase de recesión o de paralización, casos de Alemania, Italia y, en lo que atañe al estancamiento, Francia. Con estos socios en trance de débil crecimiento es poco probable que el PIB español espabile, ya que las exportaciones están notando el impacto negativo del entorno exterior. En el segundo trimestre de este año, la demanda externa restó 0,7 puntos al PIB mientras durante el primer trimestre del año el sector exterior había aportado un 0,2% de suma al PIB. En la actualidad, la debilidad en el crecimiento europeo es el principal foco de incertidumbre para el devenir inmediato de la economía española.

Casi todas nuestras expectativas de crecimiento, y más aún de aceleración del crecimiento, pasan por un buen desempeño de la actividad exportadora. Y ello a pesar de que la demanda interna aportó en este segundo trimestre del año 1,9 puntos al crecimiento del PIB frente a 0,7 puntos del primer trimestre. El consumo de los hogares, que han completado su quinto trimestre consecutivo de subida, ha sido, junto con la inversión, el factor dinamizador de la economía, de la actividad y sobre todo del empleo. Después de dos recesiones consecutivas en muy corto espacio de tiempo, apenas cinco años, el hecho de que la economía española salga del último bache con una fortalecida demanda interna es un acontecimiento bastante esperanzador.

Sobre todo porque ese crecimiento de la demanda interna se apoya en la aceleración de las inversiones en bienes de equipo, que crecieron en términos anuales un 8,9% en el segundo trimestre del año, aumento que equivale a una subida del 2% sobre el primer trimestre de este año. La solidez de la recuperación económica será mayor si se apoya en la inversión de bienes de equipo, reflejo no sólo del buen clima de confianza existente sino de que el ciclo de crecimiento ya ha sido activado.