¿Recaída, estancamiento, varias velocidades…?

La economía europea está en medio de un monumental lío, en especial la Eurozona, ya que Gran Bretaña parece ir viento en popa.  En el continente, las dudas sobre si estamos en una recaída en la recesión (por tercera vez en seis años),  o estamos en una fase de desesperante estancamiento o simplemente en una disparidad de velocidades en el crecimiento económico de los diversos países que integran la organización, son dudas más que razonables y que mueven al desconcierto de los agentes económicos.

Por si fuera poco, hay riesgos geopolíticos, es decir, conflictos importantes en las cercanías de nuestras fronteras exteriores, en especial en Ucrania y en la  abierta guerra comercial que  este conflicto está  provocando  debido a las sanciones  europeas a Rusia y de las represalias de este país sobre las economías europeas, con impacto negativo en algunos sectores, como el agrícola.

Esto sin contar con  la importante caída que se está registrando, a causa de estas crisis políticas, en el movimiento de los potentados turistas rusos, que en los últimos años crecían como la espuma y que este verano parecen haber entrado en una fase de cautela y observación, quizás también debido a las  consecuencias del tipo de cambio, pues el rublo no es la mejor divisa para salir a recorrer el mundo con alardes de nuevo rico. Aunque España no está jugando el papel de víctima principal de todo este asunto (quizás nuestros representantes en Bruselas deberían hacerlo notar en voz algo más alta), parece indudable que las tensiones geopolíticas están afectando a los intereses españoles más de lo que percibimos. Aún así, la economía española es de las más dinámicas en el actual momento económico europeo.

Las economías de la Eurozona viven, en todo caso, en un estado de crecientes disparidades a pesar de que la Unión  Monetaria cuenta con importantes elementos de cohesión, como el Banco Central Europeo (BCE) y las políticas comunes que la Comisión Europea intenta orquestar, con éxito más bien escaso, desde Bruselas.

Francia se encuentra muy lejos de ser un alumno ejemplar y, quizás por ello, por el desacierto de algunas de sus políticas, se encuentra en una incómoda situación de estancamiento, de la que trata de salir de la mano del joven Primer Ministro Valls, llamado en última instancia por  el presidente Hollande para imponer un poco de realismo en las dogmáticas directrices de los socialistas franceses tras su victoria electoral. Francia, en todo caso, no crece y además no está cumpliendo con sus obligaciones fiscales. Que Francia no tire del carro es un serio problema para Europa, como se está viendo en las cifras del conjunto. A este mal desempeño de Francia se ha unido la recaída de Italia en recesión y el reajuste a la baja en las expectativas económicas de Alemania. Con estos tres motores semiparalizados, Europa no funciona en lo económico. La excepción española (es el único de los cuatro grandes de la Eurozona con crecimiento creciente en el PIB) no es suficiente para tirar del carro a pesar de que España sea uno de los cuatro principales actores de la economía  continental.

La incierta situación económica  de la zona euro está conviviendo con una  etapa de tipos de interés  muy bajos, en algunos casos en mínimos históricos desde el nacimiento del euro. Sin ir más lejos, los tipos de interés a los que se financian algunos países, como es ya el caso español, están en zona negativa. El mercado secundario de tipos de interés de activos públicos  a corto plazo estableció este jueves sus más bajos niveles de la historia reciente, en negativo.  La deuda alemana a largo plazo se ha ido fortaleciendo con el paso de las semanas y sus tipos de interés han caído en paralelo, hasta situarse por debajo del 1%.

Más facilidades financieras no  se encontrarán para que la Eurozona pueda protagonizar una nueva fase de crecimiento, que sin embargo se resiste porque los Gobiernos no acaban de tomar decisiones adecuadas para mejorar la competitividad de las economías. Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos ya prepara entre tanto sus armas para  consolidar el crecimiento a tasas  más elevadas que las de estos últimos meses, lo que conllevará subidas de tipos de interés. Europa no debería quedarse de brazos cruzados y perder una vez más la estela que marca la principal economía del mundo.