Más revisiones del PIB

Las previsiones económicas también mejoran, como era de esperar, en la estimación que el Gobierno hace de la cambiante realidad de la economía. Las previsiones de PIB (Producto Interior Bruto) en concreto acaban de ser revisadas al alza en dos o tres décimas a la vista de lo que ha sucedido en la economía desde el pasado mes de abril, última fecha en la que se formularon los pronósticos oficiales, hasta la fecha, en plena época veraniega.

La revisión al alza eleva el pronóstico de mejora del producto interior para el año 2014 hasta el 1,5% y para el año próximo hasta el 2,0%, mejora la que ya habían sugerido otros analistas, en particular el Banco de España. Este ha revisado hasta el 1,3% su previsión para este año y coincide en el pronóstico del 2,0% de aumento del PIB para el próximo ejercicio. Es un crecimiento que cabe calificar de modesto y posiblemente bastante por debajo del crecimiento potencial de la economía española, que puede situarse en torno al 3%.

La distancia que separa nuestra realidad actual del crecimiento potencial es, por lo tanto, demasiado elevada todavía como para poder echar las campanas al vuelo. Es preciso remover los obstáculos que impiden alcanzar esas tasas de crecimiento de la economía, aunque una de ellas, el elevado lastre del endeudamiento público y también privado, no será fácil de solventar a plazo corto, por mucho que los tipos de interés hayan bajado con fuerza y que las condiciones generales de financiación hayan mejorado.

Las buenas impresiones que están recopilando los analistas radican sobre todo en la expansión de la demanda interna, que está siendo en los últimos meses, con aumentos en torno al 1,6%, el verdadero motor del crecimiento de la actividad. Esta más favorable evolución de la demanda interna, tanto de consumo como de inversión, tiene su justificación en la mejora de la confianza de los agentes económicos y en un crecimiento de la inversión y el empleo más acusados de lo que se había previsto.

El factor confianza qué duda cabe que está contribuyendo de forma muy notable a la mejora de la economía como consecuencia de la consolidación de la reforma financiera y la bajada de los tipos de interés, situados desde hace meses en mínimos históricos en bastantes apartados. Este mismo martes, el tipo a largo plazo de los bonos públicos se ha posicionado en mínimo histórico del 2,47%, un nivel que no se había visto nunca en la economía española y que en todo caso es bastante más favorable que el existente cuando comenzó la fase más crítica de la crisis económica, allá por el otoño del año 2008. La caída de los tipos a largo plazo constituye una referencia muy positiva para los inversores y para quienes estén pensando en acudir a los mercados financieros en busca de nueva financiación.

El mantenimiento de la confianza es, por lo tanto, una pieza clave en la actual fase de la economía, que lucha por dejar atrás más de cinco años de penuria y un importante nivel de desempleo. La preservación de la confianza de los agentes económicos afronta, no obstante, algunos riesgos en la parte final del año. En especial, la inestabilidad política que pueda derivarse de un empeoramiento de la situación en Cataluña y de un enfrentamiento entre la Generalitat y el Gobierno central, a causa del debate soberanista y el salto en el vacío que se podría derivar de una declaración unilateral de independencia, como se defiende en algunos círculos políticos catalanes. La posición de los empresarios ante una hipótesis de este calibre ha sido hasta el momento bastante cauta, pero sin perder de vista los riesgos potenciales que un conflicto podría desencadenar sobre la marcha de la economía. La influencia de este conflicto interno en la actitud de los inversores extranjeros, que de modo tan decisivo han contribuido en los últimos meses el despegue y saneamiento de la economía española, puede resultar bastante negativa y perniciosa para la recuperación.