La súbita, aunque esperada, defenestración de Nin

El cese de Juan María Nin como número dos de La Caixa conmocionó este lunes los círculos financieros del país. ¿Por qué tanta prisa en ponerle la carta de despido al ambicioso banquero? Todo un misterio, pero sobre todo varias hipótesis que justificarían las prisas más que el despido en sí mismo, asunto que se daba por descontado desde hacía ya algunos meses en Barcelona porque las discrepancias entre Nin y Fainé eran ampliamente conocidas. Nin ha sido generalmente un “segundo” incómodo. Debió serlo en el Sabadell con Oliú, que le puso un puente de plata cuando Fainé necesitaba un banquero de altos vuelos para sus planes de expansión en todo el territorio nacional, y en otros destinos anteriores.

Las prisas en ponerle en la calle son las que alimentan las hipótesis, que de momento resultan difíciles de desentrañar. La Caixa se encuentra en un momento crucial, no tanto por la reordenación societaria obligada (creación de la Fundación y redefinición de la Obra Social) sino porque la entidad tiene al menos tres frentes abiertos de importancia no menor: la compra de la filial española de Barclays, la compra de Catalunya Caixa (en la que trabajan a destajo estos días nada menos que 400 personas, rebuscando papeles y valorando riesgos operación por operación) y la dura batalla con los nuevos reguladores, a los que hay que enseñar todas las cuentas hasta las entretelas, incluidas las de los múltiples bancos adquiridos o en fase de inmediata adquisición. Quizás no resulte exagerado decir que la cohorte de analistas enviados por el nuevo regulador europeo, el BCE, va a ser la que tenga una tarea de análisis más ardua y complicada.

¿Es sensato, en estas condiciones, con estos tres frentes de envergadura abiertos, los tres de forma simultánea, despedir al “número dos” de la organización? Como no se trata de una temeridad (Fainé es una persona poco proclive a los experimentos y a los saltos en el vacío), hay que imaginar que las claves del rápido y sorprendente relevo se nos escapan. Una cosa parece clara: La Caixa afrontará el inicio del año 2015 con una armadura y un tonelaje sensiblemente diferentes. Es ya, indiscutiblemente, y más que lo será dentro de unas semanas, el primer banco español, cuya sede está en Cataluña como la de BBVA en la Plaza San Nicolás de Bilbao. Y lo es con clara diferencia.

El relevo de Nin es, en todo caso, una operación cargada de sentido, no porque Nin no fuera capaz de afrontar los retos, sino porque Fainé ha preferido crear un trípode sobre el que bascular en el año de plazo que tiene por delante hasta que adopte su principal decisión, como le obliga la nueva ley, quedarse sólo en La Caixa o quedarse sólo en la Fundación. Ahora es el patrón total, manda en todo, pero en breve, cuando concluya el plazo transitorio que marca la nueva ley, tendrá que elegir lo que quiere ser de mayor. Y el trípode con el que se ha equipado le libra de dejarlo todo en las manos de un solo hombre (Nin, con quien existían ya pocas buenas migas y bastante desconfianza) y, en cambio, cuenta con tres pilares sólidos y contrastados: un profesional del máximo nivel para llevar la red y la banca minorista (Alcaraz, quien por cierto era en tiempos uña y carne con Nin pero que debe haber soltado amarras), un ex Morgan Stanley, en calidad de consejero delegado y sustituto en realidad de Nin, para el área corporativa y eventualmente la vertiente exterior, que sigue siendo la asignatura pendiente de La Caixa y que ahora puede pasar a ser una apuesta estratégica (Gortázar) y un hombre de confianza (Antoni Masanell, nuevo vicepresidente) al que no le faltará tarea para ocuparse de todo lo demás, desde el grupo industrial hasta la relación con los accionistas, pero con especial énfasis en la vertiente internacional del grupo, que parece ser una de las futuras claves de la reorganización de La Caixa anunciada en este último día del mes de junio.