El cambio de rumbo económico en Europa

La visita del poderoso ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, a Madrid este lunes, el inicio del semestre italiano al frente de la Eurozona y el reparto de poderes al frente de la Comisión Europea, con posibles opciones para que España asome la cabeza en la cúpula de las instituciones comunitarias tras una prolongada ausencia, son tres cuestiones que marcan esta semana de finales de junio y principios del mes de julio, en el arranque de las vacaciones estivales para un buen número de españoles. Quizás no tantos como deberían, a causa de la crisis que aún atenaza las economías familiares de muchos hogares españoles.

En el centro del debate económico se sitúa estas semanas, en especial tras los resultados de las elecciones europeas, que han dado muestras de importantes grados de disconformidad en algunos sectores sociales con la forma en la que Europa y los Gobiernos están gestionando la crisis, el nuevo rumbo de la Política Económica de la zona. La inquietud por la falta de un crecimiento económico vigoroso se ha acentuado incluso en los últimos días al observar los calamitosos resultados de una de las economías más importantes de la UE, la de Francia, que parece haber retrocedido en su ritmo de crecimiento hasta situarse en zona de estancamiento tras varios trimestres de crecimiento sumamente débil.

El debate interno en la Eurozona sobre qué hacer con la gestión económica depende en buena medida del papel central que juega el BCE, que quizás esta misma semana ofrezca algunas señales de cambio de rumbo. Pero sobre todo depende de las estrategias de los Gobiernos. Hay un reproche generalizado al rigor de las políticas de austeridad desarrolladas bajo la presión autoritaria de Alemania, el socio más poderoso de la UE.

Uno de los mentores de esta estrategia, el titular germano de Finanzas, Schäuble, que a Alemania le ha servido para sanear su economía pero no para generalizar la recuperación a nivel europeo, estará hoy en Madrid y en sus declaraciones públicas pueden aparecer algunas pistas de futuro. Será interesante anticipar en qué medida las orientaciones económicas de la Comisión van a cambiar de ahora en adelante de forma significativa o por el contrario se van a mantener sin cambios sustanciales.

Alemania ha apoyado para dirigir el relevo de Barroso al frente de la Comisión Europea a Jean-Claude Juncker, el candidato conservador que apoyan populares y socialistas europeos. Pero en el seno de la UE hay, tanto desde el lado de los socialistas como de algunos sectores conservadores, una presión creciente por darle el relevo a las políticas de austeridad y contención del gasto público. Ese debate, en el que se esgrime la necesidad de una flexibilidad en la aplicación de los pactos europeos de estabilidad, puede ser un atajo para dar de nuevo rienda suelta al despilfarro y al crecimiento de la deuda pública.

Pero también puede ser una forma, si se aplica con habilidad, para dotar de mayores oportunidades de crecimiento a los países de la periferia europea. De hecho, España se ha alineado con esta hipótesis, bien es verdad que en una maniobra de doble efecto, que aparece claramente orientada a reforzar las opciones del titular español de Economía para dirigir el Eurogrupo, lo que permitiría a España contar finalmente con un alto representante en la estructura directiva de la UE, pero también para alinearse con las tesis alemanes, que a la postre son las que dominan en la UE y que más réditos le pueden aportar a la economía española.