Riesgo de burbuja en la Deuda Pública

Algunos analistas empiezan a preguntarse si la Deuda Pública española es sostenible. Los mercados, que actúan a veces al margen de la lógica, no parecen hoy en día muy preocupados por el asunto, como se puede constatar casi a diario al observar la pendiente por la que se deslizan a la baja los tipos de interés a largo plazo, unos tipos que reflejan la elevada apetencia de los inversores por invertir en deuda soberana, en especial de los países de la periferia europea, que es en donde más dinero se puede ganar a corto plazo. Por lo menos, es en donde más beneficios se han cosechado en los últimos meses. La caída de la rentabilidad del bono español a 10 años es de vértigo: ya se encuentra en el 2,8%, cuando hace alrededor de dos años estaba en el 7%. ¿Tanto y tan rápido hemos mejorado?

El hecho de que el tipo medio de la deuda española haya bajado desde niveles del 7% hace menos de tres años o desde el 5,2% todavía hace un año (junio del año 2013) hasta el 2,8% de este miércoles 28 de junio se explica por la fuerte presión compradora que los inversores de todas las latitudes han ejercido sobre la deuda española, dejando de lado un diagnóstico que debería haber suscitado más de una precaución: la Deuda Pública española representa ya en torno al 97% del PIB cuando hace seis años había marcado cotas del 36,3% del PIB y cerró el pasado año 2013 en el 93.6%. El coste financiero de la deuda, el pago por intereses, representa por sí solo cada año entre el 3% y el 4% del PIB, es decir, por encima de los 35.000 millones de euros.

Precisamente en las últimas horas han aparecido dos consideraciones inquietantes. Una, la de los analistas de la Fundación Funcas, que estiman que el nivel de deuda española no bajará a corto plazo sino que incluso subirá hasta el 105% del PIB en el año 2018. Casi de forma simultánea, los analistas del Banco Central Europeo (BCE) se preguntaban si la actual carrera a la baja en los tipos de interés de la Deuda Pública a 10 años no será una muestra de insensatez de los mercados. ¿Hay riesgo real de que la deuda soberana – se preguntan los analistas del BCE – esté desarrollando e incubando una auténtica burbuja, cuya explosión podría traer consecuencias muy severas para la economía mundial?

Los analistas del BCE se preguntan si la actual corriente compradora de Deuda Pública española corre el riesgo de detenerse ante un hipotético frenazo del apetito de los inversores, que en los últimos meses han sacado dinero de las economías emergentes para meterlo en los países del Sur de Europa alimentando este descenso de los tipos españoles pero que, en un momento dado, pueden cambiar de orientación y provocar una catástrofe especulativa en la deuda soberana de los países periféricos, en especial en España, que es el país que más dinero ha recibido desde los mercados exteriores para la compra de Deuda Pública. La carrera de los tipos a la baja no puede ser un asunto sin fin, en alguna parte tendrá que detenerse, sobre todo si los inversores caen en la cuenta de que España afronta una difícil tarea a medio plazo a la hora de devolver esa impresionante Deuda Pública, que de momento sigue aumentando.

La acumulación de deuda estatal seguirá presumiblemente mientras la economía española no logre generar recursos suficientes para hacer frente a los gastos del Estado y del aparato de las Administraciones Públicas. No hay que olvidar, además, que sólo en pago de intereses, el país está quemando cada año más del 3% del PIB, siempre que los tipos de interés sean tan benévolos como en la actualidad y los inversores estén dispuestos a financiar al Estado y otros organismos públicos a costes tan bajos. Si el coste aumenta como sucedió hace algo más de dos años, España se enfrentará a un auténtico problema de sostenibilidad de la Deuda Pública.