Las Bolsas ven las cosas diferentes

El disgusto que han causado en amplios sectores de la sociedad europea los resultados de las elecciones para el Parlamento Europeo no ha tenido una interpretación paralela en los mercados financieros y bursátiles. Las Bolsas han reaccionado al alza de forma indisimulada (excepto Londres, cerrada, al igual que Nueva York), hasta el punto de que el índice alemán de renta variable, el DAX, se ha colocado en máximos históricos, el francés CAC 40 en su cota más alta desde el año 2008 y el español Ibex 35 no estaba tan arriba desde mayo del año 2011, es decir, hace tres años por estas fechas. En Italia, la subida de la Bolsa ha sido la más espléndida de todas las que han jalonado el mercado europeo en esta jornada del lunes. En España, el índice Ibex 35 ha llegado a unos niveles que marcan una abierta distancia frente a los de julio del año 2012, cuando el selectivo de la Bolsa española estaba en mínimos e inició una fase alcista que le ha llevado a mejorar un 79,4% desde entonces. La reacción postelectoral ha sido, en suma, una auténtica fiesta.

¿Qué particular lectura han sacado los inversores y gestores que actúan en los mercados y mueven el dinero de lo sucedido en estas recientes elecciones, que a muchos han llegado a parecerles un auténtico riesgo para la salud y estabilidad del sistema democrático?

Tanta alegría en las Bolsas puede tener algunas explicaciones particulares, como es el caso de Italia, en donde los medios económicos parecen poner el énfasis en el voto de confianza al nuevo Gobierno tras las turbulencias de la etapa Berlusconi. Se puede llegar a entender que en Alemania haya una clara autosatisfacción por el hecho de que el Gobierno de Merkel ha salido razonablemente reforzado por el voto popular, dando así un espaldarazo a la política económica que patrocina la canciller, no sólo para Alemania sino para el conjunto de la Unión Europea, en donde sus recetas han sido aplicadas casi con mano de hierro.

Quizás nos encontremos ante un problema de miopía política, en la medida en que los medios económicos no han sido capaces de calibrar los riesgos que pueden esconderse tras los resultados, en especial la dispersión del voto, la todavía escuálida afición a votar (sigue muy alto el porcentaje de abstención), las dificultades que se abren de cara a formar un bloque hegemónico en el Parlamento Europeo que sea capaz de respaldar a una nueva Comisión Europea fuerte, las dificultades internas que se pueden abrir en algunos países concretos de cara a su gobernabilidad futura (Francia es el caso más palpable, pero también hay otros como España en donde las dificultades de formar futuras mayorías sólidas parecen haber aumentado), la aparición en escena y con bastantes escaños bajo su control de grupos políticos que rechazan abiertamente el actual sistema de economía de mercado vigente en Europa, la aparición de fuerzas marcadamente xenófobas y hostiles a la convivencia política en la forma en que la hemos vivido en Europa desde hace más de medio siglo, la puesta en escena de grupos marcadamente extremistas con apreciable respaldo popular,…

Los mercados no siempre aciertan. Y puede que en estas circunstancias hayan extraído una lectura errónea de las cosas. La pregunta de si se complicarán los mecanismos de toma de decisión económica en la UE no parece inquietar en estos momentos a los medios económicos. Quizás sea demasiado pronto para ello. La sensación de que, se mire como se mire, el Banco Central Europeo (BCE) sigue teniendo bastante más poder efectivo que el Parlamento Europeo debe estar bastante arraigada.