La decadencia industrial, un asunto para meditar

Una de las sugerencias que circulan en los últimos meses entre los pensadores que se ocupan del futuro de la economía española planeta la necesidad de echar mano de la industria como motor de crecimiento. El sector industrial fue la rutilante estrella del desarrollismo español allá por los años 70, llegando a representar el 40% del PIB. En los últimos años, España se ha ido durmiendo en los laureles del progreso y han tomado la iniciativa otros segmentos de la vida empresarial, la mayoría de ellos basculando alrededor del sector servicios, no en vano España ofrece una de las ofertas turísticas más importantes del mundo y ella nos ayuda a sobrellevar la crisis sin grandes esfuerzos, más que tener una buena planta hotelera, que la tenemos, y unos niveles de cordialidad y buenas maneras con los visitantes que nos convierten en gente simpática y digna de visitar, sobre todo en las soleadas playas que circundan buena parte de la Península y las islas.

Pero el afianzamiento del sector servicios, y el fuerte impulso de la actividad inmobiliaria, que generó en los últimos años muchas fortunas y excelentes oportunidades de ganar dinero, nos ha llevado a echar en el olvido al principal sector exportador del país, la industria, cuyo potencial se ha visto enormemente disminuido en los últimos años por una serie de razones, desde la fuerte competencia en precio de otros países hasta el encarecimiento relativo de los costes españoles y la habitual escasez de proyectos propios apoyados en una elevada capacidad de innovación.

Las últimas oleadas de progreso en el mundo industrial, básicamente relacionadas con la producción de equipos informáticos y terminales móviles, entre otros muchos, han pasado desapercibidos para España. Esto no sucedía en los años 70, cuando la punta de lanza de la industria mundial se apoyaba en el automóvil y en los equipos de oficina de las primeras generaciones, de todos los cuales España logró poblarse de numerosas fábricas, muchas de ellas punteras a nivel mundial. En los años 70 y 80, prácticamente ninguna gran empresa mundial del automóvil estaba ausente de la actividad industrial española. En los últimos años, ningún fabricante mundial de vanguardia ha puesto pie en España. El peso de la industria en el PIB españolo ha bajado desde niveles del 40% en los años 70 hasta cotas del 14% en estos dos últimos años, lo que nos ha postergado incluso por debajo de la media europea, en donde la industria representa en torno al 16% del PIB.

Aquel despliegue de iniciativas y sobre todo de inversiones de compañías multinacionales no ha vuelto a repetirse en España, quizás porque nuestro país ha perdido atractivo. Procede por lo tanto preguntarse cuál ha sido el motivo y en qué medida podemos recuperar, si no la vieja pujanza industrial, sí al menos una porción de estas inversiones que esté al menos en consonancia con la envergadura del mercado interno, lo que de paso podría contribuir a limitar las importaciones.

No es desdeñable el peso que algunos sectores industriales representan en el panorama productivo y en la actividad exportadora del país. El automóvil es el principal ingrediente de las exportaciones industriales españolas, con una vocación tan arraigada que supone el 76% de lo que producimos. La industria química también es un importante exportador, el segundo en importancia cuando se le suma la producción farmacéutica. La industria alimenticia es el tercero en discordia y destina más del 20% de su producción al exterior. Luego viene la metalurgia.

En total, el 53% de las exportaciones españoles es de productos industriales. De las listas de grandes exportadores están ausentes los productos de tecnología avanzada y aquellos que hoy triunfan en el mundo y que acaparan buena parte de nuestro gasto como consumidores compulsivos de lo último que sale al mercado. Nada de eso lleva nombre de “made in Spain”, lo que debería ser un motivo de reflexión, ya que ni hay multinacionales invirtiendo en España para producir aquí ni apenas hay empresas de aquí exportando (salvo muy honrosas y contadísimas excepciones) ese tipo de productos industriales que triunfan en el mundo y que hace cuatro décadas llevaban por todos los rincones del mundo la tan manoseada marca España.