La banca, en busca de mejor imagen

El nuevo presidente de la patronal bancaria, José María Roldán, procedente meses atrás de la cúpula directiva del Banco de España y con una bien labrada imagen de persona competente entre sus colegas europeos, llega al cargo con varias papeletas delicadas que resolver. Tendrá que esgrimir mucha mano izquierda para salir con bien del empeño. Entre los problemas que vive el sector algunos son de imagen, pero otros son de bastante más calado, de forma que el nuevo dirigente de la patronal AEB tendrá que realizar una travesía por un territorio infectado de elementos muchas veces contradictorios.

Aunque una de las primeras tareas a las que se está dedicando la patronal parece ser la de tratar de clarificar la verdadera naturaleza de esta crisis bancaria reciente, endosándole la responsabilidad a los gestores de la mayor parte de las cajas (apenas se salvan cinco) y no tanto a los políticos predominantemente autonómicos que manejaron a su antojo los designios de estas entidades, conduciéndolas al precipicio, hay otras tareas de no menor relevancia en la que los directivos de la patronal y los dirigentes de los bancos tendrán que desembarcar de forma urgente. La deficiente financiación de la economía (el crédito sigue ausente y muchas empresas están al borde de la asfixia) y la recuperación de la reputación internacional son posiblemente dos de los asuntos a los que tendrán que dedicar más tiempo y esfuerzo.

La idea, muy arraigada en amplios sectores de la sociedad, de que la crisis bancaria se ha sufragado con dinero de todos los españoles, es un asunto que requiere bastante pedagogía, sobre todo porque una parte del coste de la crisis la están pagando los clientes de la banca en forma de tipos más altos y de menor remuneración de los depósitos, al tiempo que padecen una actitud recelosa de los bancos hacia nuevas operaciones de financiación y desde luego hacia muchas de refinanciación. Se echa en falta una clarificación lo más precisa posible de los costes de la crisis bancaria y de la asignación de los mismos a quienes haya correspondido. Si la patronal bancaria afronta la tarea, bien recibida será, pero es un empeño de tal envergadura y de tal exigencia de objetividad que sería de agradecer que fuera acometido por el Banco de España. Sería una forma de dotar de credibilidad al intento. ¿Es pedirle al regulador una tarea que no le corresponde y que a la postre no viene más que a mostrar la cara real de los verdaderos responsables de la crisis, asunto que quizás no le corresponda, entre otras cosas por la enorme cantidad de pleitos que aún cuelgan de los tribunales de Justicia?

La escasa disponibilidad de crédito es otro de los asuntos que la cúpula bancaria debería contribuir a clarificar cuanto antes, en una etapa en la que el coste de la financiación es casi simbólico y existe liquidez bastante abundante en la economía. La gente reclama más crédito y en condiciones proporcionales de coste a los niveles de tipos de interés que se manejan en la actualidad en todos los mercados. Dar crédito es tarea difícil, como en parte quedó demostrado en la pasada crisis, en la que la tasa de morosidad se disparó hasta máximos históricos. Pero en la actualidad hay mucha demanda de crédito solvente que no encuentre satisfacción, lo que constituye un freno grave para la economía. La banca tendrá que buscarle una salida a este asunto, que está contribuyendo a erosionar su credibilidad.

Por último, la recuperación de la solvencia internacional como valor imprescindible para un sector que ha vivido la amargura de un tránsito desde la más alta estima hacia la vergüenza del rescate internacional, un rescate cuyo dinero ha servido para sacar de la quiebra a varias cajas de ahorros, no a bancos. Hay bancos españoles que siguen estando, como lo estaban antes de la crisis, entre los más rentables y solventes del mundo desarrollado, aunque nuestra imagen exterior no siempre permita presumir de solvencia como inconscientemente hicieron algunos en el pasado no muy lejano. Recuperar esa posición de solvencia internacional dependerá en buena medida de los resultados de los test de estrés que el sector está empezando a afrontar ya cuyos resultados se decantarán a finales de año. El éxito de estos exámenes sería la mejor forma de recuperar uno de los activos más preciados que el sector se dejó en la cuneta estos últimos años, no siempre con un justo reparto de responsabilidades.